viernes, 31 de enero de 2020

Tu mirada me atraviesa




Me miras como si yo fuera
para ti desconocido,
como si vieras a otro que yo no conociera,
como si yo fuera distinto al de antes,
como si ya no me quisieras.
Tu mirada me atraviesa
como si yo fuera invisible,
como si tú no me vieras.
Cuando me miras
tus ojos me hablan de una total indiferencia.
Quisiera que fueras ciega
de esa forma de mirarme
y que así, mi amor, tú ya no me vieras.


viernes, 24 de enero de 2020

Nuestro lecho



Nuestro lecho, sin ti, mi amor,
es un erial de incontables hectáreas.
Mi manos, de tu piel  ávidas,
se pierden, buscándote entre las sábanas
y, aun estando tu ahí, ya no te encuentran.


martes, 21 de enero de 2020

Día 19 de Enero de 2020

       


Padre, han transcurrido ya cuarenta años
que tu sonrisa se ausentó. También,  tu palabra...
Aún me siento huérfano, como un niño,
como si fuera, casi, un desvalido indefenso.
Sigo todas las noches mi rito: beso tu
fotografía, y un Padre nuestro. Luego cierro
los ojos, sigo viendo tu imagen, hasta que
las lágrimas la emborronan… entonces, me duermo..

Hay noches que me acompañas en mi moto Vespa,
o en tu seiscientos, con el techo abollado... ¡Aquella
con mi silencio, hasta ahora, cuando lo publico.
Tantas veces que por ella paso ahora, cuento
a mis hijos y nietos que la tomaste en recto.
"Si papá,  si abuelo,  siempre que pasamos nos
dices lo mismo"
"Digo lo mismo pues no os miento"
 les contesto, y de mi pesadez ni me arrepiento
ni propósito de la enmienda; mil veces vaya...

Sin embargo, cuando  duermen las noches en mi
casa... "Abuelo, cuenta lo de tu padre y la curva"
Nunca termino la narración, pues se han dormido.
Y tu, padre, me sonríes y me envías un guiño.
Nos seguimos entendiendo... Te sigo queriendo,
padre.

Hoy, también, cumpleaños de mi esposa a la que felicito y deseo cumpla muchos más, felizmente.


Aquel negro y triste sábado.



                                     EN MEMORIA
                                                                          
                                                         Perdóneseme el atrevimiento,
                                         pues el dolor y el amor no tienen pudor.
                                                                          
Ayer, un día muy triste, para mi lo fue. Se cumplían treinta y seis años de que una larga intervención quirúrgica terminara con la vida de uno de mis seres más queridos: mi padre.
Se nos dieron garantías de éxito total, “nada que temer”.  Así que  apenas le despedimos ¿para qué? ¿para causarle preocupación? cuando entraba en quirófano, un viernes de dolor.
Se iba con sonrisa cariñosa y enigmática.  ¿Es que, quizá, sabía lo que iba a ocurrir?
De madrugada oímos voces nerviosas, pedian sangre, carreras por los pasillos interiores, nervios…y a nosotros nos invadió el miedo, el pánico, de que ocurriera algo que no esperábamos; se nos garantizó éxito por el cirujano…
Horas interminables,  un silencio extraño.
Nos dicen que pasemos solo dos a la UCI;  mi madre en primer lugar. Al poco tiempo sale descompuesta, llorando.
Entro, veo a mi padre roto por dentro, cables, tubos máquinas. En su cara el reflejo del dolor más intenso.  Le tomo una mano, la más libre que yo veo, me la retira, con quejido y rostro descompuesto. No puedo reprimir el llanto que arroja lágrimas a sus hombros descubiertos.
Le lleno su frente de besos, son besos suaves, cautelosos por no ocasionarle dolor, daños.
Mis besos son los últimos. No me lo creo. Y él está sufriendo...consciente, está a un paso de la odiosa muerte.
Dolor en mis entrañas, mareo,  náuseas contenidas, espanto.
Salgo de aquella sala de torturas.  Mi familia, mi madre, hermanas y yo, con los corazones oprimidos, soportamos, incrédulos, el fatal desamparo.
Nos quedamos solos, huérfanos de nuestro amado padre. A las siete y media de la mañana, de un Sábado  negro, salíamos del hospital.
Y ese Sábado, negro, mi mujer cumplía años. Una vez más la grotesca y cruel muerte empañaba la alegría de mis ojos cansados.

Hoy, aun lejana en el tiempo,  recuerdo, con nostálgica sonrisa, aquella  repetida frase por mi hijo menor: “No te ayas abeito, está pibido”   mientras extendía sus bracitos, intentando evitar que mi padre saliera de nuestra casa, cuando venía a visitarnos.
Hoy, un día más, con alegría, pero con gran nudo en la garganta, felicito a  Carmen , mi mujer, por su nuevo cumpleaños, uno más, y muchos más que cumplirá, así se lo deseo.

 

Madrid, 20 de Enero de 2016

viernes, 17 de enero de 2020

El desengaño



Tiene el cuerpo de adolescente marchita, arrugas
incipientes en su cara. Sus ojos grandes,
como dos faroles, pero apagados...

Su caminar por la calle es ligero
aunque nadie en casa la espera.
En el trabajo es alegre pero discreta;
su misterio es la vida que hace fuera.

Conoció el amor con pasión y fuerza;
muchos días y noches,
así varios años...

Un mal día  -quizá mal día no fuera-
vio al hombre que quería;
otra mujer llevaba de su brazo,
ambos, un niño y una niña, en cada mano...

El corazón se le quedó helado;
no creía lo que veía.
De inmediato entendió
por qué, a veces, a su amor no tenía.

Se había escondido detrás de un árbol,
quedó temblando pegada al gran olmo,
mientras ellos pasaban de largo,
riendo, hablando...
quedó temblando, pegada al gran olmo.

Eso ocurrió ya hace años.
Salió huyendo;
en otra ciudad está viviendo
su cruel desengaño.



viernes, 10 de enero de 2020

Mujer, deja que te hable de amor...Capítulo II.


Dudas

 

Que seas suya, ya lo duda,
que seas de otro… ni lo piensa,
no lo soportaría.

¿Quién podrá provocar
el calor de sus sueños?
¿A quién evocan sus suspiros?
¿Qué nombre habita entre sus dulces
pensamientos?

Negros presagios acompañan
sus desvelos;
noches oscuras, eternas,
amaneceres inciertos, fríos,
ojos cansados, siempre abiertos…



viernes, 3 de enero de 2020

Noche de San Juan, 23 de Junio de 2007



Los invitados ya se han retirado.
Sobre el suelo, debajo de las mesas,
aparecen, inertes, algunas servilletas,
labios rojos, prometedores,
impresos en ellas
y tapones de botellas de cava.

Mas la boda no ha terminado aún.

Al fondo, es una dulce melodía
que llama mi atención.
Mis pasos, sin darme cuenta,
me han mudado a una estancia nimia, recoleta.

En el centro, los novios
bailan, mas, apenas se mueven,
no sé si, ni siquiera, oyen la bella canción
 “Is this love” su favorita.

Y no cesan de mirarse a los ojos,
con dulce e interminable sonrisa,
como preguntándose
¿Esto que estoy sintiendo es, verdaderamente, amor?
y sus ojos contestan:
“Sí, cierto, esto es amor”

Helena, bella, hoy más que nunca,
embellece, aún más,
su vestido blanco, de novia.
Eduardo, embelesado,
plenos sus ojos del amor
con el que sus brazos la envuelven.

Las dulces notas, revoltosas, revolotean
entres sus apretados cuerpos,
dejan en sus labios
el exquisito néctar del amor,
en clara luna y noche hechizada de San Juan.

Les dejo solos…






Aparte de leer poesía, tasmbién cantan canciones de su creación. En esta ocasión, una dedicada a Miguel Hernández.

Castillo de Sigüenza

Castillo de Sigüenza
Realizada por Antonio López Negredo