Ha colmado sus ojos -con sus manos- de tanta
tragedia
que no los puede abrir sin que se vuelquen en lágrimas.
Vio todos los males de la tierra;
estuvo en cien batallas, vio un millón de cadáveres,
-jóvenes deshechos por el miedo y la metralla-
durmió, comió con ellos, en todas las trincheras,
salpicado del hedor de vísceras, sangre, heces,
y gritos lastimeros de heridos, mutilados,
moribundos...
Tu corazón de piedra, mercenario, pagado
por cien banderas,
se rompe en tus sueños de zozobras. Tus refugios
son ahora las mismas drogas que antes te lanzaban
a la bayoneta calada.
Mas no descansas; sigues matando...ya, sin armas.
Y, así, sueñas todos los días
con tus, ahora, esas cruentas pero irreales batallas.
(Del poemario "Sin hacer ruido")