Confieso que te quise de inmediato, viniste
a mí en el mejor momento para hacer
el gran milagro.
Mi viudo corazón,
desesperado,
cambió el ritmo de viejo moribundo
por el fragor del fuego apasionado
y
locas ganas de vivir a tu lado.
Cuando me vaya, cuando no me veas,
quiero que sepas que estaré contigo,
bendiciendo el haberte conocido,
sintiendo por no haberte del todo disfrutado.
Espero que haya Cielo...
porque allí te estaré esperando.