Te arrojé veneno a tus ojos
y me ha salpicado a los míos
Lo primero ya hace años, cuando nos conocimos,
lo segundo en estos momentos está ocurriendo.
Y así nos escuece la vida, los dos sangrando.
Tropiezan nuestros párpados cansados
por todas las esquinas,
y seguimos naufragando,
sin que exista antídoto que nos salve.