A mi segundo nieto, Martín
Esta mañana de Marzo ha salido el sol más
generoso y despistado en su luz y calor,
a las siete y treinta, en punto.
Hoy la vida nos saluda con fuerza
y… desnuda, como así la vida es.
Ha venido Martín, mi nuevo y querido nieto.
Ojos grandes y abiertos, expectantes
a la luz de este mundo,
a lo que dejaba entrever la piel de su madre
desde su ya pleno y bendito vientre.
Mi nieto, Martín, es moreno, como sus padres,
perfecto cuerpo,
manos grandes, tendidas, solícitas de amores,
piel sonrosada, dispuesta a crecer.
Es la esperanza, en un mundo
lleno de interrogantes…
Es manantial de sonrisas,
en tiempos no muy pródigos en ellas.
Es el ansia de un mundo mejor, nuevo.
El triunfo de la vida, deseada.
El reencuentro del amor con la fragilidad,
con la más absoluta dependencia
de la gente de buena voluntad, de sus padres.
Así, les felicito, a ellos y, sí, a mí mismo.
Al recién nacido deseo, de corazón,
feliz y larga vida.
Bienvenido eres, Martín!