Ha llegado el día del regreso a ti.
Sí, me he lanzado a la carretera recorriendo
las millas que nos separan, quemando soledad
y bencina.
Los árboles me abren paso diciendo su adiós
-tristes sus ramas, despojadas de hojas-.
Mi auto, con bramido feroz, lucha contra el reloj
-insaciable de minutos y horas- nos acerca.
En el centro del paisaje –nunca tan extenso
e interminable- siempre está tu imagen
con las curvas de tu cuerpo.
La distancia es negra de asfalto
y desesperación.
La meta y trofeo de la loca carrera eres
tú, mi mejor y mi único refugio.
.