Ha llegado el día del regreso a ti.
Sí, me he lanzado a la carretera recorriendo
las millas que nos separan, quemando soledad
y bencina.
Los árboles me abren paso diciendo su adiós
-tristes sus ramas, despojadas de hojas-.
Mi auto, con bramido feroz, lucha contra el reloj
-insaciable de minutos y horas- nos acerca.
En el centro del paisaje –nunca tan extenso
e interminable- siempre está tu imagen
con las curvas de tu cuerpo.
La distancia es negra de asfalto
y desesperación.
La meta y trofeo de la loca carrera eres
tú, mi mejor y mi único refugio.
.
Siempre deseando
ResponderEliminarllegar al mejor cobijo,
donde nos aguardan.
Un bello regreso.
Un gran abrazo
Siempre es feliz regresar al amor.
ResponderEliminarMuy hermoso, Jorge.
Un abrazo
Las distancias y el tiempo se hacen interminables pero mayor es el disfrute cuando ya no impiden el encuentro.
ResponderEliminarConduces los versos con la pericia de un piloto avezado.
Un abrazo
Visual y sensorial a partes iguales. Uno puede sentir el "bramido feroz", el asfalto, el paisaje (tiene algo de trepidante), para terminar con esa ternura tan tuya: "tú, mi mejor y único refugio".
ResponderEliminarUn beso, caballero.
Hola Jorge, no importa lo que tengamos que pasar si al regreso nos espera un amor de verdad. Bellas tus letras amigo. Cuidate mucho.
ResponderEliminarQuemar soledad y bencina para regresar a lo amado es una hermosísima metáfora, Jorge.
ResponderEliminarUn abrazo.
Sea lo que sea esa adorada meta, conozco la sensación de las curvas, hechas curvas de carne y hueso.
ResponderEliminarHermoso poema, Jorge: felicidades.
A veces , al ansiar un encuentro,va mas deprisa la ilusión del regreso que el tiempo...
ResponderEliminarMuy hermoso ,te felicito.
Abrazos