Desde
hace años me ha gustado saludar a ciertas
personas
populares,
actores,
presentadores de televisión
escritores, y… cómo no, hasta algún
que otro
político
que
me encuentro en la calle,
en cafeterías,
restaurantes…
Ellos
corresponden, y corresponden
a su
modo, fuera de las tablas, de las cámaras;
solos los
dos, parados frente a frente.
El motivo
que persigo, tras pocos segundos
y tras
pocas palabras, lo consigo:
Unos son
amables,gentiles,
parlanchines
y simpáticos …
Coinciden sus "yo" con la
imagen
en las ondas o en el couché
reflejada.
Otros, sin embargo, dan la mano con
desgana,
la mirada altiva , se creen dioses.
Algunos no son ya ni ceniza…
¿Cómo
serían Cervantes, Lope…?
-Otra
vez, mi yo curioso-
Recuerdo
a Dalí - inefable e histriónico,
a la vez,
como nadie-
ya
anciano, abrazando a su mascota, su chiguagua,
apoyado
en un bastón mientras
hablaba
con una dama de edad muy cercana,
su Rolls Royce, con chófer, aparcados,
olvidados acaso,
en
segunda fila en la calle
Bretón de
los Herreros de Madrid
Lo
natural en su charlar, afabilidad
y
compostura me llamó mucho la atención,
más que
cualquiera de sus desmesurados gestos
y tonos,
o juegos de voz.
¿Podría
ser por el bigote, ya inadvertido ,
tal vez
su talón de Aquiles?
Quizá,
desde entonces, ése mi pequeño vicio,
el de la
curiosidad por ciertos personajes.