¡Hijo, niño, niño
mío!
¿Por qué, por qué te eché
a este mundo?
¿Por qué mis carnes se abrieron?
¿Por qué consentí en aquel goce?
¿Fue, quizá, el amor pecado?
¿Por qué te castiga Dios?
¿Por qué mis pechos secos,
ni poderte dar bocado?
¿Por qué estas tierras yermas,
por qué, por qué sólo regadas
por el sudor de tu padre,
mi sudor, y mis lágrimas?
Hijo mío, me maldigo.
¡Maldito sea mi vientre!
¡Maldito sea mi cuerpo!
¡Maldita sea mi vida!
¡Maldita, maldita, maldita!
¡Mil veces sea maldita!
Ven, ven a mis brazos,
corazón mío,
que si tu mueres,
morir quiero contigo.