Mi lecho, nuestro lecho, sin ti, mi amor,
es un erial de incontables hectáreas.
Mi manos, ávidas de tu piel,
se pierden buscándote entre las sábanas
y, aun estando tu ahí, ya no te encuentran.
es un erial de incontables hectáreas.
Mi manos, ávidas de tu piel,
se pierden buscándote entre las sábanas
y, aun estando tu ahí, ya no te encuentran.