Solía decirle,
a eso de las cuatro de la tarde,
que es la hora de la siesta,
que ya era tarde, que le dolía la cabeza
y que los niños estaban en casa;
podrían oírles...¡Qué vergüenza!
Entonces, él se vestía
y se iba a ver el partido,
decía, mientras abría la puerta,
y esa tarde no se jugaba ningún partido,
poniéndose la chaqueta, las gafas de sol,
y se quitaba la alianza.
Sonreía… ¡Tendría siesta!
Suele suceder amigo Jorge. Asi el amor muere poco a poco. Saludos y que tengas un lindo dia.
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