Los invitados ya se han retirado.
Sobre el suelo, debajo de las mesas,
aparecen, inertes, algunas servilletas,
labios rojos, prometedores,
impresos en ellas
y tapones de botellas de cava.
Mas la boda no ha terminado aún.
Al fondo, es una dulce melodía
que llama mi atención.
Mis pasos, sin darme cuenta,
me han mudado a una estancia nimia, recoleta.
En el centro, los novios
bailan, mas, apenas se mueven,
no sé si, ni siquiera, oyen la bella canción
“Is this love” su favorita.
Y no cesan de mirarse a los ojos,
con dulce e interminable sonrisa,
como preguntándose
¿Esto que estoy sintiendo es, verdaderamente, amor?
y sus ojos contestan:
“Sí, cierto, esto es amor”
Helena, bella, hoy más que nunca,
embellece, aún más,
su vestido blanco, de novia.
Eduardo, embelesado,
plenos sus ojos del amor
con el que sus brazos la envuelven.
Las dulces notas, revoltosas, revolotean
entres sus apretados cuerpos,
dejan en sus labios
el exquisito néctar del amor,
en clara luna y noche hechizada de San Juan.
Les dejo solos…
Un placer leerte Jorge. Lindo poema. Saludos.
ResponderEliminar¿Una boda en la familia? Enhorabuena.
ResponderEliminarY Feliz 2020 para todos.
Un abrazo enorme.
Si,Laura, el 23 de Junio de 2007...
ResponderEliminarGracias. Otro enorme abrazo para ti.