Clama ante tu puerta, que fue suya y ha cerrado,
deshecho, hundido su cuerpo, ahogado
por las drogas que circulan
por su sangre, en la desesperación de ser tan débil
y desgraciado, teniendo
lo más sagrado a su cuidado,
descuidado
por su debilidad ante el vicio consumido,
que le consume y destruye,
sin que su voluntad, ausente y enajenada,
pueda evitarlo.
Clamo, mi amor, ante tu puerta que tantas veces
yo mismo, sin estar en mí, sin llave,
he clausurado.
Los lloros del bebé, más bien, débiles lamentos,
que nuestro loco amor engendró, rasgan mi pecho,
no hago nada por acallarlo, sólo me arrastro
por el suelo ensangrentado, dolor en mis manos,
mis uñas arañan con furia el sucio mosaico
como fiera que quiere herir
a cualquiera… que esté a su lado.
Me encanta
ResponderEliminarUn placer siempre leerte amigo Jorge, saludos y cuídate mucho.
ResponderEliminarExcelente poema. Saludos
ResponderEliminar