La niebla descansa, húmeda y gris,
sobre la hierba del bulevar,
el viento, en remolinos, la levanta
jugando con tu falda,
y nos acompaña, tú... despeinada.
Nos damos un último y fugaz beso ,
yo quisiera retenerlo.
Nuestras manos,
aún ardientes, se separan.
Las tuyas, esquivas, se cobijan en los bolsos
de tu abrigo.
Mientras te alejas, la oscuridad
te oculta a mis ojos, ávidos
de ti, deseosos de no perderte.
Cuando la niebla disipa tu imagen,
tus pasos, huidizos, suenan vacíos,
huecos, como un adiós.
La habitación aún guarda el calor de tu cuerpo;
la cama, en desorden, aunque callada, no oculta
nada de nuestra pasión desatada.
Mi corazón queda desierto sin ti.
Un gusto leer tu poesia amigo Jorge. Saludos a la distancia.
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