Ya a
nadie sorprende ver a esos niños,
tez
del color de su abrasada tierra,
con
lágrimas en los ojos y moscas
intentando
devorar sus desnutridos cuerpos.
Arrojados
del cálido vientre de sus madres,
sus
miradas no tienen el brillo de esperanza
de
los nuestros, ni el ansia de descubrir un mundo
nuevo.
Son miradas opacas que siempre chocan
ante
el manto de la miseria que los masacra.
No
conocen, ni conocerán, una azul cuna
ni
rosa, ni tampoco agua de un manantial fresca
que
vivifique su deshidratada figura.
Son
hijos de la más brutal escasez, desidia
e
injusticia del mal llamado género humano.
Nuestro
recuerdo y AYUDA para ellos
en estos días cercanos a la Navidad.
Nos deseamos paz, felicidad…
Intentemos lograr para ellos
supervivencia,
por lo menos, con sonrisa en sus labios.
Un gran poema que de vez en cuando
ResponderEliminarhace falta para recordar a los que luchan por
la supervivencia.
Un gran abrazo
Un poema lleno de verdades Jorge....triste realidad la que viven esos niños.....Saludos
ResponderEliminar