El ocaso, rojo y cálido como la ardiente
sangre, abrasa sus palabras y sus besos de amor.
La mar, sus aguas vacilantes y juguetonas,
lame sus cuerpos, entrelazados y desnudos.
Una gaviota, columpiada en las mudas olas,
observa a los amantes.
El sol, pudoroso, se esconde tras las montañas.
Ya a oscuras, dan rienda suelta, con frenesí, al goce,
a la fogosidad que embarga sus sentimientos.
Las sabias manos de él recorren la orografía
provocadora de un cuerpo joven e incendiario
que se retuerce, conjugando los movimientos
con los lascivos lances de su amante.
La luna, curiosa, se asoma en lo alto;
por lo que ve, ya no es de plata, pues se sonroja.
Tras varios asaltos se internan en las templadas
aguas, jugando y salpicándose con las olas.
Vengo a desearte una Feliz Navidad y prospero Año Nuevo para ti y tu familia, que estos días Navideños sean maravillosos para ti. Te deseo lo mejor. Saludos a la distancia amigo.
ResponderEliminarQué poema tan bello Jorge, tan lleno de sensualidad y delicadeza. Os deseo una Feliz Navidad. No os olvido. Un abrazo extensible a toda tu preciosa familia 🌲❤️
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