Conocen bien sus cuerpos, sus vidas... a retazos,
acuerdo tácito; no les preocupa más.
Se ven muchos, pocos, días, se ven y se gozan,
pero siempre a escondidas; su pueblo es pequeño,
las ventanas ojos anidan, abiertos a
cualquier movimiento.
Sus
amores emigran sus encuentros a otros lechos,
donde sus caras no son conocidas.
Apenas tienen horas,
las buscan, como sus cuerpos buscan sus caricias,
como sus labios sus besos.
¿No hay nada más tras esos arrumacos,
tras esos te quiero,
te quiero, te quiero...?
¿Son simples jadeos,
es una forma de hablar tras el envite fiero?
No hablan de amor. A su arrebato dan rienda suelta;
siempre lechos extraños, alquilados.
Dejan sábanas mojadas, sudadas,
enredadas por el fragor de locas batallas,
por las contiendas de sus pasiones desatadas...
Nunca acabadas de saciar, se encontrarán otro
día; aún no saben cuándo, ni en qué lugar. Encuentros
itinerantes, prófugos, culpables, errantes,
ocultos, acuden a la cita de la llama
que nunca acaban de apagar.
No piensan
en futuro, no dan por acabada su historia
ni piensan cuanto durará. Ella o él, otra vez,
una más, se llamarán; otro sitio distinto,
nuevo escenario, nuevo nido de su muy loco
desvarío.
Solo palabras sin fundamento.
ResponderEliminarNo dejemos de creer en el amor
porque aún existe
Un gran abrazo Jorge.
Un poema lleno de sentires. Saludos Jorge.
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