Se han encontrado después
del tiempo transcurrido
que ha hurgado en sus rostros...
pero se han reconocido.
Sus ojos, húmedos, se miran
incrédulos,
se admiran el uno al otro.
Han entrelazado sus manos
con cariño, con gestos temblorosos,
como niños con sus juguetes rotos.
Ella frágil, sus cabellos de seda
y blancos, como su piel, luminosos.
Se han cruzado pocas palabras,
permanecen silenciosos. Sus
miradas interrogan;
tienen mil preguntas en sus labios, se
las callan;
a saber no se arriesgan.
Pronto comentarán que sus amores
guardaron sus ausencias,
que sus corazones solos estuvieron
siempre,
que a nadie más amaron, que nunca se
casaron.
Que coincidieron siempre sus sueños,
imploraron
sus caricias, se buscaron sus cuerpos,
sólo sus almohadas recibieron sus besos,
sus lágrimas, sus secretos.
Siguen parados en la acera,
donde se han encontrado,
ajenos al mundo que les rodea,
a las miradas de curiosos.
Sus vidas ahí y ahora comiezan...
Que bonito poema. Un encuentro con el amor esperado por años. Saludos amigo Jorge.
ResponderEliminarNunca es tarde
ResponderEliminarpara volver a empezar.
Besos
Hermoso poema, describe perfectamente que el amor, cuando es amor verdadero, este sabe esperar incluso una vida entera.
ResponderEliminar