Yo cogía las nubes con las manos
y mis besos enviaba al universo,
te entregaba mi corazón travieso
antes de tener los cabellos canos.
Yo me sentía un Pegaso, trotando
por los valles y cumbres de tu cuerpo,
sobrevolando, cual gaviota, el puerto,
la piel, tu piel, que siempre estoy amando.
El Pegaso ya no trota, plegadas
sus alas, no remontará sus vuelos,
aventuras por el tiempo amainadas.
Humilde se desliza por los suelos,
mas... su amor vuela con las alocadas
nubes y fantasías de sus sueños.
Que bello sentir poético Jorge. Siempre es lindo pasar a leerte. Saludos
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