¡Oh Febo, cuán amable y generoso
con tu pequeña Gea, solitaria y lejana
amante, medida su distancia en años luz!
Y, sin embargo, tan a tu alcance, nada tardas
en acariciar su semblante azul o su esférico
talle, envueltos en sutil manto de tu penumbra
y los cómplices guiños
de millones de estrellas.
Conjugas, con sus efluvios, limos de la ninfa,
armónico trío, juego lascivo de amor.
Sus frutos, innumerables savias y preñeces.
Y, en orgiástica compostura, la Luna, fría
y vacía siempre, se apodera, cual espejo,
de la imagen, rechaza toda luz
y envidia vuestra dicha, tan cálida y fructífera.
Que bello escribes amigo....que hermoso poema...saludos a la distancia.
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