Río, peregrino donjuanesco infatigable,
tu obstinado talle, perlado
y sudoroso, repta sobre frondosa tierra
y te acoge, impudorosa, cual sedienta amante.
Te ofrece, generosa,
los recovecos de sus márgenes,
los irrigas con tu limo, como sementera.
Tras envites, más o menos fieros, incansables,
hasta llegar tu interminable orgasmo final,
volcado en tu otra gran amante,
la mar, siempre abierta, juguetona e insaciable.
El río, la tierra,
ResponderEliminarel mar...
Incansables amantes.
un abrazo muy grande Jorge
Que belleza de poema...... Saludos Jorge .. desde Monterrey
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