sábado, 28 de octubre de 2017

Delirio de amor


Te persigue y huyes esquiva.
Te mira y tu figura se disuelve
entre fantasmal, intangible e irreal niebla.
Te llama, te habla, tus labios permanecen mudos.
Sus manos tiemblan, tendidas a ti, suplicantes,
y su corazón se desboca
-gana al tiempo en su ritmo-
porque no te encuentran, y estás cerca… mas distante.
Sus ojos, cerrados, están despiertos,
buscando en la nada las líneas de tu cuerpo.
De pronto, apareces y le rechazas
entre risotadas que escupen total desprecio.
Tras de ti se cierran todas las puertas,
con portazos ensordecedores que revientan
sus tímpanos, y te busca entre chinescas sombras.
Danzas malditas, confusión.
La luz se desvanece.
Crece el silencio, que lo invade todo.
Resbala su alma, se hunde en un foso sin principio,
sin fin. Todo es tiniebla,
pegada a su piel, mojada,
como otra piel a su piel, que no siente
suya, ni cercana, ni de su amada.
Flota en un aire denso,
tropieza, gira su cuerpo,
ovillo ingrávido, avanza, retrocede, bota,
se aleja de si mismo.
Se ve minúsculo, apenas nada, enteramente
nada. Levita, cae.
Sudor frío, suelta una carcajada,
su estruendo le desplaza, le quema, le hiere. Vuelve  
a caer, choca de una a otra pared, la escala,
cual frío reptil, se deja las uñas,
se deja la piel.
Grita un nombre, no sabe de quién. Implora, ríe,
llora, vive, muere, no sabe por qué. No sabe
nada, nada, nada…

2 comentarios:


Aparte de leer poesía, tasmbién cantan canciones de su creación. En esta ocasión, una dedicada a Miguel Hernández.

Castillo de Sigüenza

Castillo de Sigüenza
Realizada por Antonio López Negredo