recorrer el polvo, amigo,
de todos los caminos.
Sonreír a los espejos
Sonreír a los espejos
que ocuparon tu rostro.
Hacer un guiño a las estrellas,
Hacer un guiño a las estrellas,
a las que rogaste un deseo.
Recorrer con mi mano
Recorrer con mi mano
el lomo de aquel perro,
que lamió tu cara.
Acunar en el cuenco de mis manos
Acunar en el cuenco de mis manos
la espuma del mar,
que acarició tu cuerpo.
Habitar, de nuevo, aquel lecho,
Habitar, de nuevo, aquel lecho,
que acogió nuestros encuentros.
Tal vez mañana, quizá,
volverá tu sonrisa
a acariciar la mía.
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