Río, peregrino donjuanesco
infatigable,
tu obstinado talle,
perlado y sudoroso,
repta sobre frondosa tierra
perlado y sudoroso,
repta sobre frondosa tierra
y te acoge, impudorosa,
cual sedienta amante.
cual sedienta amante.
Te ofrece, generosa,
los recovecos de sus márgenes,
los recovecos de sus márgenes,
los irrigas con tu limo,
como sementera,
como sementera,
tras envites incansables,
más o menos fieros,
más o menos fieros,
hasta llegar tu interminable
orgasmo final,
volcado en tu otra gran
amante,
la mar, siempre abierta, juguetona e insaciable.
la mar, siempre abierta, juguetona e insaciable.
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