Para ti mi recuerdo, madre.
Un recuerdo nostálgico con rictus, con ceño
fruncido, con amor escocido.
Nuestros últimos ratitos, sentado a tu lado,
los saboreé con mimo, con avaricia,
sabiendo tu sueño cercano.
Recuerdos... Muchos dulces,
agrios, espinosos, dolorosos también hubo;
tu amor daba para todo.
Y te comprendí...
Nuestras lágrimas
lavaban nuestras culpas,
se cerraban las heridas.
Maravillosa mi infancia, en tiempos de posguerra,
pero sin penurias, con mis juguetes;
¡Mi caballo negro, de gran cola!
Tu devoción y los frailes rompieron el feliz
cuento.
Mucha distancia, hambre e insomnio
me acompañaron en el convento.
Pero el regreso, vuestros besos,
mi cama, mi casa,
los baños en el río
me hicieron, otra vez, crio.
Y los años pasaron,
pasaron en poco tiempo.
Encontrar el amor
supuso nuestro desencuentro.
Y te comprendí, ahora más te entiendo,
y lo sentí, y aún lo siento; fue otro triste cuento.
¡Cómo no te voy a entender si, para entenderte,
tengo a diario tu sentir
en tres trozos salidos de mi!
Un recuerdo nostálgico con rictus, con ceño
fruncido, con amor escocido.
Nuestros últimos ratitos, sentado a tu lado,
los saboreé con mimo, con avaricia,
sabiendo tu sueño cercano.
Recuerdos... Muchos dulces,
agrios, espinosos, dolorosos también hubo;
tu amor daba para todo.
Y te comprendí...
Nuestras lágrimas
lavaban nuestras culpas,
se cerraban las heridas.
Maravillosa mi infancia, en tiempos de posguerra,
pero sin penurias, con mis juguetes;
¡Mi caballo negro, de gran cola!
Tu devoción y los frailes rompieron el feliz
cuento.
Mucha distancia, hambre e insomnio
me acompañaron en el convento.
Pero el regreso, vuestros besos,
mi cama, mi casa,
los baños en el río
me hicieron, otra vez, crio.
Y los años pasaron,
pasaron en poco tiempo.
Encontrar el amor
supuso nuestro desencuentro.
Y te comprendí, ahora más te entiendo,
y lo sentí, y aún lo siento; fue otro triste cuento.
¡Cómo no te voy a entender si, para entenderte,
tengo a diario tu sentir
en tres trozos salidos de mi!
No hay comentarios:
Publicar un comentario