andar el polvo, amigo, de todos los caminos,
sonreír a los espejos que poseyeron tu rostro,
hacer un guiño a las estrellas,
a las que rogaste un deseo,
recorrer con mi mano el lomo de aquel buen perro,
que lamió tu cara,
acunar en el cuenco de mis manos
la espuma del mar, que arrulló tu cuerpo,
visitar, de nuevo, aquel lecho,
que acogió nuestros encuentros.
Tal vez mañana, quizá, volverá tu sonrisa
a acariciar la mía.
sonreír a los espejos que poseyeron tu rostro,
hacer un guiño a las estrellas,
a las que rogaste un deseo,
recorrer con mi mano el lomo de aquel buen perro,
que lamió tu cara,
acunar en el cuenco de mis manos
la espuma del mar, que arrulló tu cuerpo,
visitar, de nuevo, aquel lecho,
que acogió nuestros encuentros.
Tal vez mañana, quizá, volverá tu sonrisa
a acariciar la mía.
Bellísimo.
ResponderEliminarLeerlo, temblar.
Gracias, Inuk, por tu amable comentario.
ResponderEliminarGracias a ti, por escribirlo y por compartirlo. Tuvieron que pasar 4 meses para descubrirlo pero me salvó la tarde y el día y volveré a leerlo y a conocer lo nuevo.
ResponderEliminarLos poetas, como buenos funambulistas, sacan conejos de sus sombreros, sacan flores de sus manos, versos, y son capaces de devolver la vida a los propios muertos.
Un abrazo
Y en casos como este, hacen volar pájaros.
ResponderEliminarDe nuevo, muy agradecido por tus comentarios.
ResponderEliminarSerá un placer contar con tu atencion a mis escritos.
Un abrazo.