El amor penetra en tu
cuerpo
ocupando tus entrañas.
Tu sangre se mezcla con otra sangre,
en fusión apasionada.
Tu cuerpo en cuerpo de madre
se moldea.
Ha pasado un otoño,
un invierno, una primavera;
tu vida, la que llevas dentro,
quiere ver la luz, salir afuera.
Respiración acompasada,
sudores, desgarros,
tu hijo la luz recibe; sus primeros sollozos
son como cantos de enhorabuena.
Has vencido al dolor.
Tus brazos rodean su pequeño cuerpo, de piel
que ha sido tu misma piel.
Tu mirada, ya de madre,
le brinda cálida caricia,
tus pechos sustento, amor, vida.
Después, mientras tu corazón golpee tu pecho,
tus mejores deseos, miedos, desvelos, todo
encaminarás a él, tu hijo quien, aun mayor,
será siempre tu "niño".
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