El ocaso, rojo y cálido como la ardiente
sangre, abrasa las palabras y sus besos de amor.
La mar, sus aguas vacilantes y juguetonas,
lame sus cuerpos, entrelazados y desnudos.
Una gaviota, columpiada en las mudas olas,
observa a los amantes.
El sol, pudoroso, se esconde tras las montañas.
Ya, a oscuras, dan rienda suelta, con frenesí, al goce,
a la fogosidad que embarga sus sentimientos.
Las sabias manos de él recorren la orografía
provocadora de un cuerpo joven e incendiario
que se retuerce, conjugando los movimientos
con los lascivos lances de su amante.
La luna, curiosa, se asoma en lo alto;
por lo que ve, ya no es de plata, pues se sonroja.
Tras varios asaltos se internan en las templadas
aguas, jugando y salpicándose con las olas.
(Del poemario, "Me traía una sonrisa")
MAGISTRAL ESCRITO, CREADO CON MUCHA SAPIENZA.
ResponderEliminarUN ABRAZO
A veces, también el ocaso resulta tan bello como un hermoso amanecer.
ResponderEliminarUn abrazo.
Belo como tudo o que voce escreve.
ResponderEliminarBjos
Jorge !!!!!!!! Lindo Poema... Sempre !
ResponderEliminarBeijo, querido amigo !
Jorge:
ResponderEliminarSineramente, creo que es el mejor o de los mejores poemas.
Un abrazote
Hermosa pasión enclavada en el ocaso pero sirve cualquier momento del día.
ResponderEliminarBello leerte, te echaré de menos el 4 de junio, ya te contaré proyectos que andamos pensando.
Besos para ambos.
Rocío
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarTenéis noticias en el blog del Encuento. Por favor, entrad y decidme si os apunto a la visita guiada.
ResponderEliminarY por favor, difundidlo entre vuestros amigos que vayan a acudir al Encuentro. No puedo avisaros uno a uno en cada blog.
Un abrazo.
La pasión gana brillo por la noche, noche que no existe en tu poesía llena de luz, rutilante.
ResponderEliminarUn abrazo Jorge.
Bello y elegante. Me encantó ese "pudor del sol".
ResponderEliminarBesos y abrazos.
Un poema rebosante de vida y de seductor erotismo.
ResponderEliminarUn beso
A la cálida luz del ocaso
ResponderEliminarsolo el mar y la luna
son testigos del placer.
Besos
Mi querido, Jorge, juraría no sólo haber leído este hermoso poema, también creía haberlo comentado ¿¿?? Recuerdo que me enamoró todo él, pero que me sedujo especialmente ese "pudor" del sol al esconderse y el sonrojo de la luna ante la visión de los amantes, bonita manera de insinuar y sugerir... Tú siempre tan elegante.
ResponderEliminarMás besos.
Gracias por tu huella en mi blog.
ResponderEliminarBello poema desde el ocaso cálido y que siente.
Saludos.
Bella y apasionada estampa plasmada con el cincel de tus letras. No hace falta más para crear un instante perfecto.
ResponderEliminarUn cariño grande, Jorge.
Pocas personas saben, como tú, jugar con los deseos en palabrasde forma tan elegante.
ResponderEliminarUn abrazo, amigo Jorge.