He pulsado la clave de mi computadora.
La pantalla, cueva con velos de medusa electrizante,
cestiño femenino, sedoso, rosa o púrpura,
me ha abducido, con forma y fuerza de remolino.
A velocidad de vértigo sobrevuelo pistas entre dígitos,
circuitos que, en la red, flotan entre luces led y de neón.
Atravieso océanos y continentes, al otro lado de las pantallas,
con ubicuidad permanente.
Caras conocidas toman cuerpos ignotos, con manos afanosas
acariciando las teclas, muchas revoloteando
entre piropos y halagos.
Veo cómo sus palabras desfilan por sus mentes,
colibríes encadenados a hermosos pétalos,
nubes de colores atomizados sobre sus imágenes cambiantes;
siluetas vaporosas de damas, vigorosos torsos masculinos.
Juego con sus palabras, les escondo algunas,
las vuelco, con fluidez generosa, en sus teclados.
Sus miradas se pierden más allá del monitor,
como si quisieran verme, adivinándome en esa nueva dimensión.
Miradas suplicantes, altaneras, tímidas, pudorosas,
ante las letras que emergen de sus dedos,
chocan con mis ojos, con mi espectro.
Y entiendo lo que quieren decir en ese momento y no pueden,
las palabras huyen, como cervatillos ante el sonido del viento.
Juguetonas, saltarinas, rebeldes se esconden,
o brotan los versos presurosos, con voracidad que devora y regurgita.
Páginas y más páginas virtuales desfilan, se archivan
y se cuelgan en la red con vocación de perpetuarse.
La luz me sigue portando febrilmente por vías laberínticas, ,
en todos los idiomas, con estilos y sensibilidades diferentes.
¡Somos tan poca cosa! Si algo de nosotros quedara
después de nuestro postrer viaje…
(Del poemario "Sin hacer ruído)
Hola, Jorge:
ResponderEliminarAtrapados en la red también podemos volar hasta distantes lugares, tiene sus más y sus menos pero es un excelente medio para compartir y expresar sentimientos.
Abrazos.
Querido Jorge, es este medio
ResponderEliminarpor el que nos movemos como un milagro que llega hasta nosotros
y que conforma una gran familia,
aprendemos,compartimos y
expresamos sentimientos. Creo que de cada uno de nosotros en el otro
algo queda.
Un abrazo muy grande
Quisieramos hacernos perpetuos con nuestras palabras; por eso escribimos. Pero tienes razón, nada trajimos pero ,quizás, algo dejemos.
ResponderEliminarTan certero y original como siempre Jorge.
Un abrazo virtual desde este lado del cristal.
Jorge, a mí me "abducen" tus poemas :)
ResponderEliminarEste es... diferente; me ha gustado navegar por tus vivencias cibernéticas, moverme de aquí a allá a golpe de tus ciberrecuerdos virtuales...
Sí, quizás somos poca cosa, amigo, pero precisamente nuestras benditas palabras son las que nos tienden el puente hacia la eternidad...
Un besito, Jorge.
Tus palabras siempre quedan. Las tejes con hilos perfectos.
ResponderEliminarUn abrazo grandote.
Querido Jorge, grandioso poema y yo me pregunto ¿dónde quedaron las cartas?..............
ResponderEliminarQuerido Jorge: allí estaré. Estoy deseando veros de nuevo y conocer a Elvira. Un fuerte abrazo.
ResponderEliminarMUY EXCELENTE Y SABIA CONCLUSIÓN!!
ResponderEliminarUN ABRAZO
Certero y actual el poema que nos propones, Jorge, sin abandonar esa duda existencial que nos acompaña, dejaremos nuestra huella?
ResponderEliminarUn abrazo fuerte.
Leo
Excelente, Jorge, me he sentido identificada con tus versos. Aunque quizás no seamos tan poca cosa, creo que somos mucho más que eso y que siempre, siempre... queda algo nuestro enganchado entre el corazón y algún led :)
ResponderEliminarUn cariño inmenso, querido amigo.
Gran metafora de nuestra realidad como seres humanos, individual y colectiva. todos en la misma red.
ResponderEliminarsaludos