¿Por qué, Señor, concedes hijos a quien no debes,
a quien no se los merece?
Es un llanto cansado, débil y resignado
que, apenas, puede arañar el silencio
de la noche y, sin embargo, me impide
conciliar el sueño.
Imagino un pequeño bebé, endeble
y desatendido, desamparado
que se aferra, con sus escasas fuerzas,
al frágil hilo de la vida.
Cuando sus lamentos se silencian deseo oír
de nuevo, si no sus risas, al menos, sus quejidos
que confirmen su supervivencia.
¿Es un niño carente, quizá, de amor, de salud,
sin una nana que calme su inquietud, su dolor?
Mis ojos, insomnes, escrutan la oscuridad
buscando su sonrisa inédita.
Niño por mí desconocido; tu cara es mueca,
solo triste mueca, de infeliz niño,
de niño desgraciado, abandonado.
(Del poemario "Me traía una sonrisa")
Hola,hay que confirmar asistencia al encuentro.
ResponderEliminarUn abrazo
MUY CRUDO TEMA. PERO ALGUIEN LO DEBE DECIR!!! GRACIAS POR COMPARTIRLO.
ResponderEliminarUN ABRAZO
Buena pregunta, Jorge, me la hago cada día, y sobre todo cada vez que me encuentro madres y padres que desprecian, violentan o desatienden a sus hijos, o con aquellos que por cualquier impedimento se ven obligados a lucha por una adopción que no siempre llega, porque lo que más se valora, no es el amor que puedan y estén dispuestos a dar, sino el grosor de su cartera, las dimensiones de su hogar o cualquiera de los lujos añadidos.
ResponderEliminarBesos
Cuántas veces me he hecho
ResponderEliminaresa misma pregunta,
padres que incluso matan
a sus propios hijos
por egoísmo,por odio,
por venganza.
Te invito a ver
mi agarimo.
Un gran abrazo
Durísimo y excelente poema, querido Jorge. Puedo aguantar muchas cosas de la vida, pero me niego a aguantar de ver a un niño que sufre, a un niño herido desde que nace.
ResponderEliminarEl por qué... no lo sé, hay preguntas que jamás podremos responder. Aunque pensándolo bien quizás sea porque en algún punto el ser humano es menos que un animal.
Un beso muy grande.
Y en contraposición tantos candidatos a padres excelentes que no pueden concebir.
ResponderEliminarSe me encoge el corazón con cada uno de esos niños, que son muchos más de los que pensamos.
Un abrazo grandote, Jorge.