Frente quebrada
Ojos negros, hundidos, mirada en extravío.
Labios en rictus de ascos y maldiciones,
espalda curvada por años en roto delirio;
sonámbulo despierto de días y noches.
Camina con paso inseguro, agotado,
hastiado de todo y de todos.
Sus brazos caídos, desmayada alma
en cuerpo de gigante, complexión enorme.
Muchas veces tumbado o recostado
sobre cualquier muro; en la mano, siempre, una botella,
su única compañera, ignorando al mundo
del que es apartado, en el que es confinado.
Mira al cielo: aún surca los caminos,
entre nubes, que cruzó con su avión de guerra;
en su cabeza rugen los motores,
las metrallas, las explosiones...
Poco más dejó saber de su historia.
No quiso huir, vivió su destierro
bajo los cielos en que hizo la guerra,
la guerra que perdió; vencido por dentro,
vencido por fuera.
(De "Belleza cruel" cap.II, "Recuerdos con el sepia de los años")
Espantosa experiencia.
ResponderEliminarSaludos querido poeta.
Hasta pronto.
Desgarrador poema. Cuántos podrían hacerlo suyo...
ResponderEliminarUn abrazo.
Amigo poeta:
ResponderEliminarUn texto descriptivo de tiempos ya idos, pero necesarios de recordar. Ojalá la guerra fuera cosa del pasado, pero no: mientras haya humanos habrá conflictos.
Mi padre estuvo en la Revolución Española (te lo había contado antes, hace meses), fue soldado de infantería republicano con solo 19 años. Herido en un brazo en Teruel.
Pero sin duda alguna los ases tenían el máximo protagonismo.
Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,
Frank.
Muchas gracias, Pluma Roja.
ResponderEliminarUn beso.
Desde luego que sí, Mercedes.
ResponderEliminarUn beso.
Muchas gracias, Frank; ya recuerdo lo que me dices de tu padre.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Cruda realidad y vivencia en un camino muy bien reflejado en ese determinado ocaso, me gusto mucho tu poema!!!
ResponderEliminarSaludos desde Argentina!!!
Caray! pobres ovejitas sufriendo tales acometidas.
ResponderEliminarEn una región italiana se daba el caso con las cabras...y los cabreros.
Ah! la especie "humana".
Un fuerte abrazo.
Tremenda la experiencia de la guerra, pero peor aún es esa guerra interior, esas carencias que se quieren suplir con la botella, pero cuyo licor sólo aviva más el fuego que consume el espíritu.
ResponderEliminarUn abrazo muy grande Jorge y feliz semana
Muchas gracias, Belkis; igualmente disfruta de los próximos días.
ResponderEliminarBesos
Yo sigo insistiendo, Jorge, espero que la guerra quede en el recuerdo para saber lo que NUNCA PODEMOS HACER. Creo que estos poemas son ese recuerdo.
ResponderEliminarGracias por ello.
Un abrazo.
Ése es el camino, Jesús.
ResponderEliminarUn abrazo.
En las guerras, querido Jorge, todos, hasta quienes las ganan, pierden la guerra. Si es entre hermanos no existen palabras para expresar cuanto se pierde.
ResponderEliminarTodos los poemas que has ido publicando relacionados con nuestra guerra civil me han extremecido por lo triste y admirado por la belleza del trabajo bien hecho.
Acabo de ver y escuchar el vídeo de la presentación del libro de tu hermana Elivira. Gracias porque yo fui uno de los que te lo pedí, no obstante me he quedado con el deseo de escuchar recitado por ella alguno de sus poemas.
Un abrazo.
Jorge, es un placer leer tus letras amigo. Besos, cuidate.
ResponderEliminarEstimado Terly: Muchas gracias por tus amables palabras. Cómo no; estoy muy de acuerdo
ResponderEliminarcontigo en tu pensamiento sobre las guerras, pero, por desgracia, este virus está inculcado en el hombre desde el principio de su existencia; lo único que ha cambiado son las artes, cada vez más sofisticadas y dañinas.
Respecto al vídeo, una vez que acaba el primero, hay tres más en los que Elvira recita algunos poemas.
Muchas gracias y un fuerte abrazo.
Muchas gracias, Poetiza, yo también disfruto de tus blogs.
ResponderEliminarBesos
Hola Jorge, vengo desde el blog de Sandra (Poetiza) y me alegra haber recalado en un lugar tan lleno de poesía y sentimientos. Pasaré mas despacio para ir viendo todas las cosas que guardas aquí. Un abrazo y buena semana.
ResponderEliminarMuchas gracias Juan Francisco, aquí me tienes, a tu disposición. Fué muy amable Sandra haciéndome un lugar en ese blog.
ResponderEliminarSaludos.
Conmovedor poema, Jorge, como no podía ser de otra manera tocando un tema tan doloroso.
ResponderEliminarMueve las fibras del corazón y grita (como en Argentina) "Nunca más".
Un cariño grande.
Muchas gracias, Liliana, una satisfacción tenerte por aquí.
ResponderEliminarUn beso.
Mi querido Jorge me ha encantado ese recorrido interior que haces sobre la huella que deja la guerra, tremendo.
ResponderEliminarBesos a manos llenas (y uno pa Coco).
Querida Paloma, ya ni besos ni achuchones para Coco; tuve que sacrificarle; un tumor en la columna vertebral le dejó inváilido. Le habían estado tratando de infección pero resultó ser lo que desde el principio yo me temía; fué hace ya 20 días. Te lo había comentado en otra ocasión que me enviabas un achuchón para él; ojalá hubiera podido dárselos...
ResponderEliminarUn beso para tí muy fuerte
Saludos y beso Jorge. Cuidate amigo.
ResponderEliminarSiento mucho esto que leo.
ResponderEliminarJorge, tremendo, pero las cosas que son así, no deben olvidarse.Tampoco recordarse con odio o ira, pero el recordarlas puede hacer que no se repita.
Siento lo de Coco.
Para ti, muchos besos, amigo.
Gracias, Duna.
ResponderEliminarUn beso.
Muchas gracias, Poetiza.
ResponderEliminarBesos.
Felicitaciones querido Poeta!Un honor leerte!!Gracias por hacerlo. un cariño
ResponderEliminarMuchas gracias, Nerina; sé bienvenida a este espacio.
ResponderEliminarBesos.
Don Jorge, pasaba por aquí y me quedo. Me impactó la realidad descrita en las líneas y la realidad de milicianos torturados por un pasado en su mayoría no elegido, más bien obligado.
ResponderEliminarLo dicho, pasaba por aquí y me quedo.
Saludos desde Cáceres.
Raül
eltendederopaco.blogspot.com
Raúl, muchas gracias por tu visita y tu comentario.
ResponderEliminarUn abrazo.