Una cinta elástica, en ambos extremos, vida
y muerte la tienen aferrada, fuerte, fuerte.
Y, como si balanza fuera ,
sus fuerzas la mantienen equilibrada, así
durante tiempo, siempre, incierto.
Es el pricipio de la vida,
ese duelo entre dos colosos.
El "morituri" ha empezado y ya el ganador
está señalado sin duda.
La elástica, muchas veces, cual competitivo
juego del pañuelo, es arrebatado,
nada más ver la luz,
por la garra huesuda y victoriosa. Otras,
la lucha se recrudece, se balancea hacia
uno y otro lado, sin
saber el resultado
de tan cruento asalto. Pero el tiempo no ha llegado.
La aguja del reloj no ha parado, no ha marcado
su hora. El cronos sigue avanzando hasta su final.
Nuestro código de barras,
en nuestra piel inserto, lo señala:
Consúmase, año, hora, minuto, segundo. No
antes, mas tampoco después. Se cumpla.
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