viernes, 13 de julio de 2018

Carretera de Siguenza a Soria

Carretera de Sigüenza a Soria
Salgo de la ciudad,
atravieso las aceradas vías del tren,
camino de vidas inquietas.
A la izquierda, desde lo alto
de la ladera del monte,
Sigüenza, siempre bella y callada,
la Catedral, sus almenadas torres,
y maltrechas murallas del Castillo.
Las calles reptan empinadas cuestas.
Siguiendo para adelante, en la misma mano,
Séñigo, el torreón vigía,  ciego,
Diseminados por entre la hierba sus despojos,
rendidos al paso del tiempo, de la desidia.
Desde esa media cota se abre el cielo
a un frondoso y gran valle.
Serpentean los arroyos
sus rumores de antaño,
entre un calmo océano de trigales.
El monte acerca el horizonte,
entrecortado por verdes carrrascas
y arrugados encinares, donde se oyen cantos
nupciales de aves.

Dos hileras, rectas, de erguidos chopos,
perfilan la carretera, como si, más bien,
fueran márgenes de un callado río.
Sigo mi camino.
Ya de noche, con luna propicia, se perfilan  
las murallas del derruido
castillo de La Riba de Santiuste,
en figuras fantasmagóricas.
El eco del francés en sus muros.
De hinojos, como reverencia, el río Salado
que atravieso en mi caminar a Atienza.
A un lado, fruto del reposo al sol de sus aguas,
las salinas de Imón,
encasilladas en cuadrículas
blancas, como si parcelas urbanas en venta,
sin vida, fueran.
Y, al cabo, Atienza,
arriba, acariciando el cielo, llena de historia,
con sus iglesias y castillo en ruinas,
su torre, con orgullo, erguida.
Atalaya, ahora, en perdida lucha
contra la lluvia y los vientos.

1 comentario:

  1. Como siempre bella tu poesia..siempre sera un placer pasar a leerte...te dejo mis saludos...cuidate mucho.

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Aparte de leer poesía, tasmbién cantan canciones de su creación. En esta ocasión, una dedicada a Miguel Hernández.

Castillo de Sigüenza

Castillo de Sigüenza
Realizada por Antonio López Negredo