(A través de una ecografía)
A través de una técnica misteriosa, te hemos
podido contemplar con perfecta precisión.
Sabemos ya mucho de ti y nos ha subyugado,
emocionado, el ver tu corazón diminuto,
cómo late, desbocado, y proyecta tu sangre
con fuerza desbordante.
Los movimientos de tu pequeña cabecita,
de un lado a otro, como si buscara a tu madre,
cuyo claustro y amor te engendra.
Abres tu boquita en O
expulsando burbujas, como volutas de humo
de empedernido fumador.
En tus facciones se dibujan los ojos, labios,
las naricitas de tu hermano mayor, Martín.
Serás un bebé tan guapo como él,
que sueña contigo todas las noches.
Y llegará el momento, mágico, que tu madre,
con amor y alivio, sentirá tu húmeda piel
sobre su piel, recorrerán sus manos
tu deseado cuerpecito,
observará tu cara, tus manitas,
todas tus facciones, se reconocerá en ellas.
¡Más de nueve meses apeteciendo tenerte
entre sus amorosos brazos!
Mirará al cielo dando gracias.
Y el cielo la sonreirá con bendición y amor
A tu padre, de momento, se le borrarán,
miles de canas, y se humedecerán sus ojos,
de felicidad, con copiosas
lágrimas.
Tu abuelo Martín te tomará con sus manos,
te acogerá y alojará en su gran corazón.
Besará esas tus pequeñas facciones,
tan familiares,
tan suyas, tan repetidas y queridas ya.
Y el cielo le sonreirá…
Y… tu hermano, ¿qué hará?
La cantidad de besos que estallará en tu piel!
Cuando te vea, sus ojos
se van a hacer aún más grandes,
apenas cabrán
en su bonito y morenazo rostro.
La de botes que va a dar. ¡Adrián! ¡Adrián!¡Adrián!
levantando sus brazos,
dando sus característicos botes, señal
de triunfo y, también, de gozo.
Tu abuela Carmen, desde ese día, piensa siempre
en ti, y últimamente, cada cinco minutos,
-“Cuándo vendrá? Cuándo llegará ese chiquillo”
-“A ver si viene bien. Sí, bien vendrá”
Yo, como alguna otra vez,
he echado en falta
que mi ordenador no use impermeable.
Eres bien venido Adrián. ¡Que seas muy feliz!
Nosotros lo somos ya.
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