Capítulo I, Siempre el amor.
Atardecer del alma
Atardecer del alma
Hola espejo, brumoso y viejo amigo.
Miro tus ojos, tu frente, arañada
por la poderosa zarpa del tiempo.
No te conozco. Me
habla de ti tu alma.
¡Cuántos sueños, cuántas ilusiones en objetos
perdidos! ¡Cuánto tiempo malogrado!
Falaces amores, juguetes rotos,
desatadas pasiones.
Noches en desvelo, esperas cada madrugada.
Pero... llegaste tú,
mujer, amor y entrega;
caricias y pasión,
gritos en el vientre.
Fuiste el gran rescate
que yo temí imposible.
EL TIEMPO A VECES PROPORCIONA ESPERANZAS.
ResponderEliminarABRAZOS