Y cuando aún, a mis días, algún quinto me asiste,
cruzo, en frágil barca, este mar de olas encrespado.
La orilla, aun cercana, no diviso ni calculo
su distancia. Compañeros de vivencias yacen
en tierras subterráneas, sus almas los cielos
entrelazan como ocio, a la espera mi arribada,
con mi remar, cada vez, más vacilante y lento,
mas llegada tan asegurada como cierta.
Madrid, año 2015.
MUY NOSTÁLGICA TU PREMONICIÓN.
ResponderEliminarABRAZOS