Día de la mujer
Allá, en los confines de la tierra, amurallados
por viejas montañas, donde la ira solo los árboles
apuntaban al cielo, clamó una voz
suave y valiente, Rosalía de Castro.
A Rosalía de
Castro
Leyendo tus versos
veo el mar,
los bosques, el paisaje que adoraban tus ojos.
Te imagino asomada, apoyada en el alfeizar
de la ventana,
mirando a aquella iglesia o volviéndola la cara.
Oigo las campanadas
que te despertaban al alba,
el murmullo de las fuentes
que caricias te susurraban.
Camino por las veredas
que frecuentabas
y oigo la carrera loca del agua,
deslizándose por el tobogán de los arroyos
que te cantaban.
Por dentro, te imagino rota,
por sufrir las muertes de tus vidas,
que empezaran por tu amada madre...
pero entera, fuerte, y delicada.
El amor te fecundó preñeces,
tu corazón galopó en tus poemas;
tu ojos, soñadores,
despertaron con tus miradas;
¡tantas penurias pasadas!
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