Estoy tumbado en la cima de un monte mirando
las estrellas, su lánguido fulgor, blanco y frío.
El cielo se ve pleno, grandioso, visto desde
el campo, con mi nuca clavada en el suelo.
Así me siento tan feliz… y pequeño… más
que aquella luz diminuta que, apenas,
luce en lo alto del firmamento.
De mí únicamente es grande, inmensa, la soledad
que es mía en estos momentos; el clamor
del silencio de la noche serena es mi sólo
compañero.
La luna se corona, una vez más, como reina
de la noche, hoy su sonrisa es más amplia,
de luna llena
–a ella cuento mis penas-
y menos densas, menos oscuras, las tinieblas.
Mientras, las tierras se enfrían y sueñan
los hombres y sueñan las bestias.
A cada estrella pongo caras, nombres de mujeres
y de hombres
que conocí, sin saber si ya existen.
En todos ellos veo etapas
distantes en el tiempo,
o más cercanas que me atraen, al menos, me llaman.
Y así, mi soledad, mi deseada soledad, se
va alejando; veo gentes
en multitud de momentos, voces, risas, gritos
en espacios vacíos, huecos,
y sombras como si fueran espectros.
No huyas soledad, quédate conmigo, la ruego.
Pero otra estrella se estrella en lo alto
del firmamento,
y ese rostro expira sin un lamento.
Vienen en tropel caras y momentos…
mas, como si fueran lluvia de estrellas,
desaparecen de súbito y todo
queda como si un largo sueño fuera.
Aún tumbado a ras de suelo, mirando al cielo,
siento que mi otro yo –en cuerpo y en alma-
se desprende de mi y emprende vuelo.
Pronto -a velocidad de la luz- alcanza
la soledad y el vacío infinitos
del Universo.
Por allí debió vagar… Dios sólo sabe el tiempo.
(De cap.III, "De tinieblas)
Querido Jorge: solo los ojos de un poeta pueden mirar la noche de luna de un Febrero cualquiera con estos matices.
ResponderEliminarFelicidades!
Inmenso canto a la soledad. ¡Precioso!
ResponderEliminarUn saludo cordial, Veo que ya regresaste. Bienvenido.
Hasta pronto.
Muy buen poema, Jorge, sencillo y tan preciso, porque nada es tan importante como la precisión de los versos. Este poema me ha gustado mucho. Felicidades!
ResponderEliminarSi quieres ver mi blog (reciente aún)
www.domeritte.blogspot.com Alli aún hay pocos poemas pero pronto haré más. Espero que te gusten. Saludos!!
Tus ojos ven clarividentes en la espesura de la noche
ResponderEliminarMe supo corto este poema, me conformaré releyéndolo dos veces más.
Un abrazo Jorge
Jorge:
ResponderEliminarToda una fotografía poética. Tan interior... Muy bueno.
Un cariñoso abrazo, amigo.
UFFFFF, QUÉ MARAVILLA PASEASE POR SU VERSAR!!!!!
ResponderEliminarUN ABRAZO
Un poema que transmite paz, sosiego y disfrute en soledad, que a veces es tan necesaria.
ResponderEliminarUn abrazo.
Esa soledad tan temida y tan necesaria sin embargo... Que bien la recogen tus versos.
ResponderEliminarUn placer venir a saludarte y aún más a leerte mi querido amigo.
Un abrazo y gracias por la ternura de tu comentario en el blog de Manuel, que me implica.
¡Ay, la luna llena cuantas veces cómplice!
ResponderEliminarUn beso.
No es tan sola la noche
ResponderEliminarcuando nos dejamos cautivar
por la luz de la luna
y las estrellas, son capaces
de hacernos vivir sueños hermosos.
Un gran abrazo
¡Menudo viaje, Jorge! Desde el inicio del poema me sentí identificada. Un abrazo
ResponderEliminarEl poeta nunca está sólo cuando la luna lo acompaña, y con ella, la inspiración.
ResponderEliminarBesos
En la soledad nos descubrimos y descubrimos todo lo que llevamos dentro. Es la maldita pero necesaria, imprescindible diría yo, compañera de viaje del poeta, de su paseo interior
ResponderEliminarUn abrazo
Qué hermoso poema, Jorge, estremece tu mirada puesta en las estrellas en las que reflejas a las personas que han ido pasando por la vida, inmerso en esa soledad del poeta que la necesita para crear- y creer-.
ResponderEliminarGracias por compartir tus poemas. Un fuerte abrazo.
Amigo Jorge, disculpe mi silencio, entre una cosa y otra no le he dicho nada. Estoy pendiente de intervención quirúrgica en ambas piernas. No me olvide.
ResponderEliminarCon ternura
Sor.Cecilia
Estimado Jorge: su canto a la soledad recoge un sentir universal, y en ese canto nos hacemos todos compañía. Un abrazo, amigo.
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