Aquella suave mañana de otoño
el olor de aligustre y rosas, en sus paseos,
fue vencido por el olor a muerto.
Largas zanjas cavadas dejaban al desnudo
cadáveres -aún vestidos como soldados,
algunos enteros, como dormidos en trágica
borrachera- las botas, huesos y harapos pútridos
Mis amigos y yo sabíamos de la guerra
que era algo más que un juego
pero nunca la habíamos tenido tan cerca;
calaveras, guerreras deshechas de miseria,
por la miseria imperecedera, la muerte.
No sabíamos, no supimos
los muertos de qué bando eran, cuál su bandera era.
Luego, pronto, supimos que la muerte
es la victoriosa de ésa y de todas las guerras.
(Del poemario "Sin hacer ruído")
Me has recordado las charlas de mi padre sobre la guerra... Conozco esa Alameda de Sigüenza, hoy rodeada de árboles y de vida. Me ha gustado mucho este poema. Te felicito, amigo. Un fuerte abrazo.
ResponderEliminarNo hay mayor verdad que la de ese final, la única vencedora de una guerra es la muerte, Jorge.
ResponderEliminarUn abrazo fuerte.
Leo
Que triste escrito, y esa es la verdad la única ganadora es la muerte.
ResponderEliminarUn gran abrazo.
SI SEÑOR!!!! MUY EVIDENTE SU COHERENCIA COMO PERSONA.
ResponderEliminarUN FUERTE ABRAZO
Esa suavidad del otoño con la que comienza el poema es un duro contraste al recuerdo que evoca. Pero ciertamente así es la vida, y así somos los humanos.
ResponderEliminarBesos, una montaña.
Y pensar que estuvimos comiendo sobre esos recuerdos tan terribles. Un abrazo,amigo Jorge.
ResponderEliminarIndiscutiblemente, Jorge, la muerte siempre es la indiscutible vencedora de todas las guerras y en todos los bandos, y lo peor de todo es que siempre se ensaña con los mismos, con los más desfavorecidos, los poderosos son los que sobreviven para recoger los botines, de riqueza de poder o de ambas cosas, siempre también.
ResponderEliminarBesos
Mis más sinceras felicitaciones por tus poemario de seguro son muy buenos porque escribes muy bien.
ResponderEliminarBesos que tengas un feliz domingo.