Esa noche, como otras muchas,
Joaquín, el sereno, siempre amable, le decía,
“señor, le han sentado esta noche muy mal las copas”
mientras le ayudaba a que alcanzara el cercano árbol
donde vomitaba su whisky, tomado a jarras.
Abrazado a su almohada,
con manchas y olor a carmines
y perfumes baratos,
-aún, en la boca el sabor amargo del alcohol
vomitado al impasible olmo-
despertaba su borrachera con otro trago.
Y pasaba el día y la noche,
y él dormía, sin importarle todo... ¡nada!
(Del poemario "Luna llena")
Los que tuvimos la suerte de ser protegidos y auxiliados en la noche por un sereno, sabemos que episodios como el que cuentas eran frecuentes y auténticos, ¡Qué gente tan valiosa! Han sido reemplazados por una técnica modernista y despersonalizada. Nunca los olvidaré. Un fuerte abrazo.
ResponderEliminarPara importarte algo, primero tienes que quererte tú mismo.
ResponderEliminarUn brindis por los serenos pseudo-psicólogos y bellas personas.
Un abrazo, Jorge.
El sereno y el borracho, curiosa antonimia de la naturaleza humana.
ResponderEliminarUn saludo cordial
Esa imagen entrañable
ResponderEliminardel sereno, guardando
puertas y almas
que se bebían la noche.
Un fuerte abrazo
LOS VICIOS, CONLLEVAN AL NADA!
ResponderEliminarUN ABRAZO
me quedo con la figura del sereno-
ResponderEliminarQuerido amigo.
Un placer saludarte
Realista la fotografía del instante, del vacío existencial anestesiado con alcohol.
ResponderEliminarBesos, caballero Jorge.
¡Si señor!
ResponderEliminarHas fabricado verso de un episodio nacional. No, no me refiero a los de Don Benito, no. Me refiero a los que cualquier Sereno podría escribir en, por ejemplo, "Episodios nacionales en una calle alumnrada por faroles"
Abrazos.
Que pena cuando se llega a esa nada, pero que suerte que siempre hay alguien dispuesto a echarte una mano.
ResponderEliminarTe dejo un abrazo caluroso Jorge