Solía decirle, a eso de las cuatro
de la tarde –que es la hora de la siesta-
que ya era tarde, que le dolía la cabeza
y que los niños estaban en casa, podrían
oírles...¡qué vergüenza!
Entonces, él, se vestía y se iba a ver
el partido,
decía, mientras abría la puerta,
-y esa tarde no se jugaba ningún partido-
poniéndose la chaqueta, las gafas
de sol... y se quitaba la alianza.
Sonreía; ¡tendría siesta!
(Del poemario "Luna llena").
Lo confieso: he sido mala.
ResponderEliminarMe alegré de no ser yo esa mujer y de que él no fuera mi marido.
Hay veces en que es mejor dormirse... pero no en los laureles.
Un abrazo grande, Jorge.
son tantas las escusas que, la siesta se convierte, en sueños de infidelidades.
ResponderEliminarun abrazo
Hay algunas cosas que terminan por justificar otras, como esta.
ResponderEliminarNo hay nada más maravilloso que compartir una siesta, lo irónico es que quienes no reconocen las bondades que esta proporciona, son los que luego se quejan...
Estupendo poema, Jorge, real como la vida misma.
Un besote grande.
Si puedo, como buena
ResponderEliminarespañola me gusta
practicar la siesta,
mejor acompañada que
sola.
Un abrazo
Aquella mujer no escuchaba "radio intercontinental-Madrid". Habría sabido.
ResponderEliminarJorge, esta colección pinta muy bien.
Abrazote.
Jorge, un poema hermoso que refleja lo que pasa en muchos matrimonios al paso del tiempo. No deberia ser asi, una siesta con el amor es reconfortante. Te dejo un beso, cuidate mucho.
ResponderEliminarBueno pues yo le entiendo.
ResponderEliminarElla tenía su siesta y él la suya.
¿Los dos contentos?
Ya se sabe que un matrinonio de más de...pongamos diez años... es cosa de tres si no de cuatro.
Y no pasa nada, no es grave.
Glub... Jorge... menos mal que a algunos hombres no les gusta el fútbol, ni siquiera el de mentira ;D
ResponderEliminar¡Caray, vaya crápula!
Muchos besos.
Hola, hay novedades en el blog del encuentro de poesia.
ResponderEliminarUn abrazo
Amigo pasa por el blog del encuentro de Granada que hay noticias. Un abrazo.
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