Mis juegos de niñez,
entre escombros de casas hundidas,
-rescoldo de la guerra-
eran de batallas en la mar embravecida;
olas gigantescas
eran montañas de vigas y tierra.
Subido en el puente del barco,
-restos de algún muro caído en mi patio-
como altivo capitán, daba órdenes
a estáticos montones de ladrillos y piedras,
siempre sordos y mudos a mis gritos,
así, en mis batallas, no había muertos ni heridos.
Los palos eran las espadas,
las tuberías, troceadas, los cañones,
las ratas... los espías.
Eran los juegos de aquellos años de posguerra,
sin juguetes,
con la inocencia en los ojos de los niños,
en sus reflejos los daños de la guerra.
(De "Belleza cruel" cap.II, "Recuerdos con el sepia de los años")
Hermosísimo poema Jorge. Me identifiqué, por lo bien que comunicas las emociones. También yo de niña jugaba a la guerra con palos y sin muertos. Si todas las guerra fueran así...
ResponderEliminarHa sido un placer.
Muchas gracias, Mercedes.
ResponderEliminarMe alegro haberte recordado aquellos juegos.
Un beso.
Es increíble la capacidad de los niños para jugar con cualquier cosa, y ser felices con lo que ha producido tanto daño.
ResponderEliminarY sin embargo con la mirada de los niños hasta lo más horrible puede ser purificado...
Eso de tener ratas como espías tiene que ser todo un lujo, aunque no sé quién las traduciría.
Me ha gustado mucho el poema.
jejeje! el traductor era el mismo que disparaba los cañones...
ResponderEliminarMuchas gracias por vuestra presencia y simpático comentario.
Un abrazo.
Jorgeee..!! que lindoooooooo..!!
ResponderEliminarcuanta ternuraaaa mi amigoo..!!
me encanto leerteee..!!
mi afecto en estado constanteeeeeeeeee...!!
Si que es hermoso el poema que nos acercas,magistral, siempre es un placer visitar tu espacio.
ResponderEliminarGracias por compartir.
Cálido abrazo.
Muchas gracias, Gogo. Siempre tan amable.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo
Gracias, Paco.
ResponderEliminarUn abrazo
Versos que acercan unas imágenes y recuerdos de un tiempo, y de unas emociones.
ResponderEliminarGracias, Pilar, por tu visita y comentario.
ResponderEliminarUn beso
La imaginación para jugar era entonces, el único límite, y los niños aprendieron pronto a ingeniárselas para sacarle todo el jugo a la vida.
ResponderEliminarGracias por compartir.
Un abrazo.
Así es, Anabel; el único límite y quizá el único recurso.
ResponderEliminarMuchas gracias por estar aquí.
Otro abrazo para tí.
Amigo Jorge:
ResponderEliminarEl ayer en un templado hoy...
¡Bien!
Hola Jorge , los niños tienen muchas fantasías y por medio de los juegos sin juguetes pero con mucha, mucha imaginación , sus batallas eran divertidas y sin muertos reales .
ResponderEliminarUn abrazo de MA .
Querido Jorge, felicidades por ese bello libro, un abrazo compañero
ResponderEliminarmuy sentidas imágenes. bueno, la inocencia a veces no entiende de tristezas.
ResponderEliminarun abrazo
Cierto, Jesús.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muchas gracias, MA. por tu presencia y comentario.
ResponderEliminarOtro abrazo para tí.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarMuchas gracias, Carlos.
ResponderEliminarOtro abrazo para tí.
Gracias, Reltih, por tu visita y comentario.
ResponderEliminarUn abrazo.
¡Qué bueno, Jorge!... ¡Cómo retratas nuestros años de niñez y nuestros juegos!
ResponderEliminarMe ha parecido verme con mi pantalón corto y esa espada hecha con una larga y recta rama cruzada por otra corta y atada con cuerda de esparto.
No teníamos play ni ordenadores no consolas, pero tampoco los necesitábamos.
Confeccionábamos con nuestras manos nuestros propios juguetes y disfrutabamos de ellos el doble, una vez al confeccionarlos y otra al jugar con ellos.
Gracias por traerme estos bellos recuerdos a la memoria.
Te agradezco también y mucho que te hayas unido a la oración que en mi blog rezamos el Domingo por un cuñado de mi hermano que lo queríamos como si de nuestro propio hermano se tratase.
Un fuerte abrazo.
Gracias, Terly, me alegro haberte refrescado esas imágenes que veo tienes grabadas perfectamente.
ResponderEliminar.
Un fuerte abrazo
Justo estoy leyendo un libro de una mujer de mi país que se llama Silvia Molina,el libro es Ascensión Tun y este poema me recuerda mucho lo que acabo de leer,las batallas que se imagina,juegos que a veces...se vuelven una realidad dificil para personas que han pasado por eso...Espero que coco se recupere pronto,es tan precioso!...mi hermana que ama a los perros ya ha visto su foto (de coco) y se ha enamorado..ambas le mandamos un beso y esperamos que pronto este de nuevo al 100%...un beso para usted,con todo mi respeto y admiración. Makeda.
ResponderEliminarHola, Makeda; qué alegría verte otra vez por aquí!
ResponderEliminar¿Cómo es que sale el comentario como anónimo?
Coco va muy despacio; es desesperante ver que apenas se mueve; con lo ágil y alegre que ha siso este perrito. Espero que poco a poco vaya mejorando.
Muchas gracias, Maqueda.
Un beso.
Un paisaje de batallas,
ResponderEliminarfantasías de una infancia
que hubieran cambiado todo
(hasta el signo de guerra)...
sin lamentar las desgracias.
Hermosa reconstrucción, poeta,
le dejo mi abrazo entrañable.
Muchas gracias, Jesús, por tu presencia aquí y tu bonito comentario.
ResponderEliminarOtro abrazo para tí
Que tiempos aquellos en que la inocencia primaba por encima de todas las cosas, jugar a las guerras con palos no es lo mismo que intentar hacer la paz y proporcionar las armas para la guerra....
ResponderEliminarMuy bueno!!!!
Besitos
Muchas gracias, Belkis, eres muy amable.
ResponderEliminarBesos
La edad de la inocencia, donde todo es motivo de juego a pesar de los daños.
ResponderEliminarSaludosssss