Mujer, tú eres poesía

Mujer, tú eres poesía

viernes, 20 de julio de 2018

Medina de Rioseco



       Ciudad de grandes y bellas iglesias,
    monumentales pasos de Semana Santa,
   sabrosas viandas, exquisito cordero,
      con buenos caldos y soportales viejos,
                                                                                                  permíteme, en el tiempo,
                    hacer un hueco.




Sobre las piedras, redondas
y húmedas, de tus calles,
cerca de Santa María,
la muerte vi, por vez primera;
aquel cadáver,
que vida sólo unos minutos antes tuviera.

Cuántas veces soñé con aquella cenicienta
cara,  por la que resbalaba
un hilillo de sangre, desde  la boca abierta.

Por segunda vez, en tan poco tiempo,
la muerte anduvo cerca; de noche, cual fantasma,
se llevó a un postulante
que murió de asma.

Mis escasos años
tropezaron con el silencio,
con las rigurosas reglas,
como el trato de usted
a mis compañeros.

El leve pitido del tren 
avisaba del fin de nuestras horas de estudio,
de recreos o de rezos.

Sus vías estrechas eran, a veces,
nuestros senderos de cortos paseos,
no lejos del convento.

La cruel ausencia
de mis seres queridos.

Lo peor, llamar padre
a quien el mío no era, al que yo tanto quería
y que estaba tan lejos.

El dormitorio en obras,
en crudo invierno...
Sábanas que mojaba con mis sueños,
de tristezas y de miedos.

Por caminos nevados, carreras, perseguidos
por aquel novicio,
que nos daba golpes con su correa, 
Correazos en las piernas, desnudas y tiernas,
de niños de diez primaveras.
Nevadas que ocultaban los caminos,
las carreteras.
Heladas que mostraban grandes chuzos,
cayendo de las tejas.

Tierra de Campos...campos bellos.
En primavera altos trigos, 
estallido de flores,
olores y sentidos.

Grandiosas dehesas, con reses bravas pastando,
con redondos y poblados palomares de aves
viajeras, que sobrevuelan sus campos.

Las comidas, en el refectorio,
con interrogantes en sus vajillas,
con la diaria lectura, entre ruido de cubiertos.

Lo mejor: cantar en el coro,
en la iglesia,
debajo de la torre “Lapicero,“
bien abiertos nuestros ojos,
de par en par,
ver a los niños con sus padres,
¡qué envidia, qué gozo y, más, qué tristeza!

¿Y pasear tranquilos,
sin la amenaza de aquella correa?

Un día, una niña, con la sonrisa en sus labios,
jugando en la acera,
me ofreció su rubia muñeca.

Niñez sin juguetes;
tardes invernales, tediosas, interminables,
de pipas y cacahuetes
para confortar estómagos tristes, vacíos.

Edad temprana para el insomnio; noches largas,
eternas,
carentes de cariños, abrazos y de besos.


Pero todo aquello quedó muy lejos...


1 comentario:

  1. Saludos poeta
    un poema de vida de gran corte , donde se relata esas vivencias de la niñez que fueron quizás decidoras para a esta altura de la vida , refrendar la misma y ver cuan lejos se ha ido a través del ser resiliente , no es fácil llenar esos vacíos del alma , todo se soporta entiendo siendo niño si no nos falta el abrazo de quienes más amamos y tienen la responsabilidad de cuidarnos...pero la fortaleza del ser humano está en esa capacidad de resistir y sobrevivir .

    mis respetos.

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Durante la lectura en el Centro Cultural "Pablo Iglesias" de Alcobendas

Aparte de leer poesía, tasmbién cantan canciones de su creación. En esta ocasión, una dedicada a Miguel Hernández.

Castillo de Sigüenza

Castillo de Sigüenza
Realizada por Antonio López Negredo