Mujer, tú eres poesía

Mujer, tú eres poesía

martes, 19 de enero de 2016

Ayer, Lunes, el día más triste.
EN MEMORIA
                                                                         
                                                                           Perdóneseme el atrevimiento,
                                                                           pues el dolor y el amor no saben de pudor.
                                                                         
Para mi lo fué. Se cumplían treinta y séis años que una larga intervención quirúrgica terminaba con la vida de uno de los seres más queridos por mí; mi padre. Se nos dieron garantías de éxito, “nada que temer”. Apenas nos despedimos de él cuando entraba en quirófano, un viernes de dolor. Se iba con sonrisa cariñosa y enigmática.¿Sabía lo que iba a ocurrir?

De madrugada oímos voces nerviosas solicitando sangre, carreras por pasillos interiores, nervios…
y a nosotros  nos invadió el miedo de que ocurriera algo que no esperábamos;se nos garantizó éxito por el cirujano.

Horas interminables, silencio. Nos  dicen que pasemos solo dos a la UCI; mi madre en primer lugar,
Al poco tiempo sale descompuesta. Entro en aquella sala del horror, mi padre roto por dentro, cables tubos máquinas, su cara reflejo del dolor más intenso. Le tomo una mano, la más libre, la retira con quejido y rostro transido de dolor. No puedo reprimir un llanto que arroja mis lágrimas a sus hombros descubiertos. Le lleno su frente de besos, besos suaves reprimidos por no hacerle posibles daños. Mis besos son los últimos. No me lo creo. Me mareo, náuseas contenidas.
Salgo, mi familia, mi madre y hermanas, entre abrazos, soportamos incrédulos el desamparo. Nos quedamos solos, huérfanos de nuestro amado padre.
A las siete y media de la mañana, de un Sábado negro,salíamos del hospital.
Y ese Sábado negro, mi mujer cumplía años. Una vez más la grotesca y cruel muerte empañaba la alegría de mis ya cansados ojos.

Hoy, la distancia en tiempo, me recuerda, con nostálgica sonrisa, aquella frase repetida por mi hijo Eduardo, el menor:
“No te ayas abeito, está pibido” mientras extendía sus bracitos, intentando evitar que mi padre salíera de nuestra casa.

Y hoy, también, una vez más, con alegría y gran nudo en la garganta, felicito a Carmen, mi mujer, por su nuevo cumpleaños, uno más, y muchos más que cumplirá, así se lo deseo.

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Durante la lectura en el Centro Cultural "Pablo Iglesias" de Alcobendas

Aparte de leer poesía, tasmbién cantan canciones de su creación. En esta ocasión, una dedicada a Miguel Hernández.

Castillo de Sigüenza

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Realizada por Antonio López Negredo