Mujer, tú eres poesía

Mujer, tú eres poesía

jueves, 10 de octubre de 2013

Carretera de Sigüenza a Soria


Salgo de la ciudad,
atravieso las aceradas vías del tren,
camino de vidas inquietas.

A la izquierda, desde lo alto, Sigüenza,
siempre bella y callada,
almenadas torres de la Catedral
y maltrechas murallas del Castillo
-lugares comunes, postales
mil veces repetidas-

Las calles reptan empinadas cuestas.

Más adelante, en la misma mano,
Séñigo, el torreón vigía,  ciego,
diseminados entre la hierba sus despojos,
rendidos al paso del tiempo y la desidia.

Desde esa media cota se abre el cielo
a un frondoso y gran valle.
Serpentean los arroyos
sus rumores de antaño,
entre un calmo océano de trigales.

El monte acerca el horizonte,
entrecortado por viejas carrrascas,
arrugados encinares donde se oyen cantos
nupciales de aves.

Dos hileras rectas de erguidos chopos
perfilan la carretera, como si, más bien,
fueran las márgenes de un callado río .

Sigo mi camino.
Ya de noche, con luna propicia, se perfilan  
las murallas del derruído
castillo de La Riba de Santiuste,
en figuras fantasmagóricas
-el eco del  francés en sus muros-

De hinojos, en  reverencia, el río Salado,
que cruzo en mi caminar a Atienza.
A un lado, fruto del reposo al sol de sus aguas,
las salinas de Imón,
encasilladas en cuadrículas
blancas, como si parcelas urbanas en venta,
sin vida, fueran.

Y, al cabo, Atienza,
arriba, acariciando el cielo, llena de historia
con sus iglesias e inhiesta torre del castillo,
atalaya ahora sólo en lucha
contra la lluvia y los vientos.


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Durante la lectura en el Centro Cultural "Pablo Iglesias" de Alcobendas

Aparte de leer poesía, tasmbién cantan canciones de su creación. En esta ocasión, una dedicada a Miguel Hernández.

Castillo de Sigüenza

Castillo de Sigüenza
Realizada por Antonio López Negredo