Mujer, tú eres poesía

Mujer, tú eres poesía

miércoles, 29 de junio de 2011

La tarde escucha

 El suicidio no es un acto de valentía
 ante la muerte
sino de cobardía ante la vida.
                                      (Nichkchanel)


La tarde escucha, atenta, los sonidos

de la calma, silente y abotargada.

Sólo la agitación del mar, espejo de su alma,

acompaña sus vacilantes y ciegos pasos.

Hasta sus labios se estrellan las finas partículas

salinas que, con movimiento autómata,

rechaza con el dorso de su convulsa mano.

El acantilado está a sus pies

devorando, soberbio, las olas insolentes

que, con tenaz

y energúmeno vaivén,

lamen su negra pared agrietada,

una y otra vez.

El cielo, negro –amenazante-

es reflejado en las oscuras aguas,

salpicadas del bullir de la espuma

en los rompientes.

Sus ojos, hundidos en su cara demacrada,

apenas cambian la postura, no miran, no ven;

no quieren ni ver dónde está su tumba.


(Del poemario "De luz y tinieblas")



miércoles, 15 de junio de 2011

Me bebía el mar



Miro al cielo y te veo en sus nubes sumergida,

miro al mar y en su espejo azul te veo.

Las olas, rompiendo en roca,

son un pañuelo de seda en tu cuello.

Su espuma es el brillo de tus ojos. Es

el verde de las algas tu sonrisa,

hecha promesas. El negro fondo submarino

es mi temor a que tus promesas no se cumplan.

La tormenta perfecta mi deseo, hecho fuego

y agua embravecida. Me bebía el mar

buceando por el atrayente arco de tus muslos.

(Del poemario, "Ay, el amor!")



viernes, 3 de junio de 2011

Sin hacer ruido

                                                                                                 "… Y  cuando  mis  ojos, cansados,
                                                                                                       se entreguen a Morfeo,
                                                                                                       viviré el sueño de los  dioses"
                                                                                                                                                  Mariano Lizcano

Quisiera irme sin hacer ruido,

que sólo se oiga el aire en suave brisa,

sin ulular el viento,

y el llanto de mis hijos

-que no sea por largo tiempo-


Que haya sol o esté nublado... no importa,

los ojos tendré cerrados -una mano amiga

los cerrará, estoy seguro-


Durante algún tiempo, quizá un par de años,

se me echará en falta, más tarde, de vez en cuando,

se pronunciará mi nombre, en voz baja,

como para no despertarme,

y, buscándome, se mirará al cielo.


La nieve de un invierno borrará, para siempre,

mi nombre, borrará mi imagen; será como si

nunca, hubiera existido...nunca, jamás.


(Del poemario "Sin hacer ruído")


Durante la lectura en el Centro Cultural "Pablo Iglesias" de Alcobendas

Aparte de leer poesía, tasmbién cantan canciones de su creación. En esta ocasión, una dedicada a Miguel Hernández.

Castillo de Sigüenza

Castillo de Sigüenza
Realizada por Antonio López Negredo