Mujer, tú eres poesía

Mujer, tú eres poesía

domingo, 29 de mayo de 2011

Locos de amor


Y tú, precisamente tú, te quejas

porque dices que les cuento más cosas

a mis amigas las negras hormigas.

Creo, sinceramente, que te sientes

celosa cuando me ves en el suelo

de rodillas hablando, jugando y maquinando

travesuras con ellas. No entiendes que proyecte

mi sombra sobre sus flacas figuras.

Te extrañas de que comparta nueces y avellanas

con nuestras vecinas las saltarinas ardillas.

Tú, precisamente tú, que te empeñas

en levantarte todas las noches para escuchar

a tu cómplice, la luna, y luego me lo cuentas,

callándote lo que a ti te interesa;

crees que me engañas; lo intentas, pero hay un lucero

que vuestras conversaciones me revela; noche

a noche, él os espía, y a través de tus sedas

por tus encantos él se cuela;

y éso, amor, éso a mi me duele

éso, amor, éso a mi... sí me desvela.


(Del poemario, "¡Ay, el amor!")

lunes, 23 de mayo de 2011

Abducido por la red


He pulsado la clave de mi computadora.

La pantalla, cueva con velos de medusa electrizante,

cestiño femenino, sedoso, rosa o púrpura,

me ha abducido, con forma y fuerza de remolino.

A velocidad de vértigo sobrevuelo pistas entre dígitos,

circuitos que, en la red, flotan entre luces led y de neón.



Atravieso océanos y continentes, al otro lado de las pantallas,

con ubicuidad permanente.

Caras conocidas toman cuerpos ignotos, con manos afanosas

acariciando las teclas, muchas revoloteando

entre piropos y halagos.



Veo cómo sus palabras desfilan por sus mentes,

colibríes encadenados a hermosos pétalos,

nubes de colores atomizados sobre sus imágenes cambiantes;

siluetas vaporosas de damas, vigorosos torsos masculinos.



Juego con sus palabras, les escondo algunas,

las vuelco, con fluidez generosa, en sus teclados.

Sus miradas se pierden más allá del monitor,

como si quisieran verme, adivinándome en esa nueva dimensión.



Miradas suplicantes, altaneras, tímidas, pudorosas,

ante las letras que emergen de sus dedos,

chocan con mis ojos, con mi espectro.



Y entiendo lo que quieren decir en ese momento y no pueden,

las palabras huyen, como cervatillos ante el sonido del viento.

Juguetonas, saltarinas, rebeldes se esconden,

o brotan los versos presurosos, con voracidad que devora y regurgita.



Páginas y más páginas virtuales desfilan, se archivan

y se cuelgan en la red con vocación de perpetuarse.

La luz me sigue portando febrilmente por vías laberínticas, ,

en todos los idiomas, con estilos y sensibilidades diferentes.



¡Somos tan poca cosa! Si algo de nosotros quedara

después de nuestro postrer viaje…


(Del poemario "Sin hacer ruído)





martes, 10 de mayo de 2011

El ocaso


El ocaso, rojo y cálido como la ardiente

sangre, abrasa las palabras y sus besos de amor.

La mar, sus aguas vacilantes y juguetonas,

lame sus cuerpos, entrelazados y desnudos.

Una gaviota, columpiada en las mudas olas,

observa a los amantes.

El sol, pudoroso, se esconde tras las montañas.

Ya, a oscuras, dan rienda suelta, con frenesí, al goce,

a la fogosidad que embarga sus sentimientos.

Las sabias manos de él recorren la orografía

provocadora de un cuerpo joven e incendiario

que se retuerce, conjugando los movimientos

con los lascivos lances de su amante.

La luna, curiosa, se asoma en lo alto;

por lo que ve, ya no es de plata, pues se sonroja.

Tras varios asaltos se internan en las templadas

aguas, jugando y salpicándose con las olas.


(Del poemario, "Me traía una sonrisa")



Durante la lectura en el Centro Cultural "Pablo Iglesias" de Alcobendas

Aparte de leer poesía, tasmbién cantan canciones de su creación. En esta ocasión, una dedicada a Miguel Hernández.

Castillo de Sigüenza

Castillo de Sigüenza
Realizada por Antonio López Negredo