Mujer, tú eres poesía

Mujer, tú eres poesía

viernes, 4 de noviembre de 2011

Presentación del libro "De luces y tinieblas" Lectura de poemas, por Jorge Torres

Lectura de poemas

Jorge Torres saluda y agradece...

Lectura del prólogo por su autor, Fernando Jiménez-Ontiveros

Presentación de Elvira Daudet

Vídeos presentación de "Luces y tinieblas"

sábado, 15 de octubre de 2011

Aquella muchacha...



Hoy, ¡Santo Cielo! he visto a aquella

muchacha; sí, aquella muchacha

de encantos inexplorados, hoy ya conquistados

-colonizado su bendito vientre-

pues está preñada, rotundamente preñada

-como luna llena- su capa abierta a la brisa

que la acaricia.



Solo han pasado tres años desde que la viera

por vez primera e hiciera de musa

en mi poema Belleza cruel.



Es más exuberante su belleza

ahora, y no es cruel pues ama y es amada.



Al pasar cerca de mi he quedado ensimismado;

mis ojos resbalan -con pudicia- por su grávido

talle, su semblante y sus cabellos

resplandecientes, sus pechos turgentes,

prometedores de inagotable y delicioso

néctar. Su mirada, aún inocente,

la ha fijado en mi mirar de abuelo –todavía

a la espera de serlo-

y me ha sonreído –sin conocerme- con cara

de mamá, de joven e ilusionada mamá,

con esa bendición

en su vientre de mujer.



He retirado mi mirada,

me he vuelto de espaldas, pues dos jubilosas lágrimas

han resbalado por mi rostro.



Aquella belleza, que yo presumía de cruel,

está a la espera de ser una bella mamá.


(Del poemario "Sin hacer ruido")



jueves, 29 de septiembre de 2011

Alameda de Sigüenza, hace ya muchos años...



Aquella suave mañana de otoño

el olor de aligustre y rosas, en sus paseos,

fue vencido por el olor a muerto.

Largas zanjas cavadas dejaban al desnudo

cadáveres -aún vestidos como soldados,

algunos enteros, como dormidos en trágica

borrachera- las botas, huesos y harapos pútridos

Mis amigos y yo sabíamos de la guerra

que era algo más que un juego

pero nunca la habíamos tenido tan cerca;

calaveras, guerreras deshechas de miseria,

por la miseria imperecedera, la muerte.

No sabíamos, no supimos

los muertos de qué bando eran, cuál su bandera era.

Luego, pronto, supimos que la muerte

es la victoriosa de ésa y de todas las guerras.

(Del poemario "Sin hacer ruído")



miércoles, 7 de septiembre de 2011

Hemos roto

Hoy hemos roto nuestras cartas de amor

los dos juntos, tú y yo, con nuestro pudor de acuerdo,

como único testigo.


El papel, amarillo por el pasar del tiempo,

con renglones rasgados anunciando

las fechas de nuestros encuentros.


Hemos roto nuestros secretos, junto a la suma

de los latidos de nuestros corazones locos,

ávidos de amar.


Los pedazos llevan escritos nuestros te quiero,

nuestros deseos de estar juntos

tu cuerpo y el mío, de estar sellados

nuestros labios con nuestros besos.


El perfume de tus cartas, amor, ha impregnado

mis dedos que, juguetones, acarician tu piel

y hacen temblar tu cuerpo, unido al mío.


Hemos roto nuestras cartas de amor, pero el amor

sigue en nosotros vivo.

(Del poemario "Luna llena")



jueves, 1 de septiembre de 2011

Regreso ya hecho todo un señor abuelo; hoy mismo ha sido el feliz acontecimiento. Este pequeño poema se lo dediqué cuando aún estaba en el vientre de su madre y, apoyando mi oreja en él, así me saludara mi nieto: "Glu".

"Glu".



Ése ha sido el saludo de mi nieto,

mi primer nieto.

"Glu"

Así me ha dicho “hasta pronto abuelo”, con lacónico

y certero idioma y, sí, nos hemos entendido.

Ya saben, conversaciones entre hombres…


Mis ojos, cántaros vidriosos,

han rebosado de amor y de júbilo,

mientras él… nada en el seno materno.





miércoles, 29 de junio de 2011

La tarde escucha

 El suicidio no es un acto de valentía
 ante la muerte
sino de cobardía ante la vida.
                                      (Nichkchanel)


La tarde escucha, atenta, los sonidos

de la calma, silente y abotargada.

Sólo la agitación del mar, espejo de su alma,

acompaña sus vacilantes y ciegos pasos.

Hasta sus labios se estrellan las finas partículas

salinas que, con movimiento autómata,

rechaza con el dorso de su convulsa mano.

El acantilado está a sus pies

devorando, soberbio, las olas insolentes

que, con tenaz

y energúmeno vaivén,

lamen su negra pared agrietada,

una y otra vez.

El cielo, negro –amenazante-

es reflejado en las oscuras aguas,

salpicadas del bullir de la espuma

en los rompientes.

Sus ojos, hundidos en su cara demacrada,

apenas cambian la postura, no miran, no ven;

no quieren ni ver dónde está su tumba.


(Del poemario "De luz y tinieblas")



miércoles, 15 de junio de 2011

Me bebía el mar



Miro al cielo y te veo en sus nubes sumergida,

miro al mar y en su espejo azul te veo.

Las olas, rompiendo en roca,

son un pañuelo de seda en tu cuello.

Su espuma es el brillo de tus ojos. Es

el verde de las algas tu sonrisa,

hecha promesas. El negro fondo submarino

es mi temor a que tus promesas no se cumplan.

La tormenta perfecta mi deseo, hecho fuego

y agua embravecida. Me bebía el mar

buceando por el atrayente arco de tus muslos.

(Del poemario, "Ay, el amor!")



viernes, 3 de junio de 2011

Sin hacer ruido

                                                                                                 "… Y  cuando  mis  ojos, cansados,
                                                                                                       se entreguen a Morfeo,
                                                                                                       viviré el sueño de los  dioses"
                                                                                                                                                  Mariano Lizcano

Quisiera irme sin hacer ruido,

que sólo se oiga el aire en suave brisa,

sin ulular el viento,

y el llanto de mis hijos

-que no sea por largo tiempo-


Que haya sol o esté nublado... no importa,

los ojos tendré cerrados -una mano amiga

los cerrará, estoy seguro-


Durante algún tiempo, quizá un par de años,

se me echará en falta, más tarde, de vez en cuando,

se pronunciará mi nombre, en voz baja,

como para no despertarme,

y, buscándome, se mirará al cielo.


La nieve de un invierno borrará, para siempre,

mi nombre, borrará mi imagen; será como si

nunca, hubiera existido...nunca, jamás.


(Del poemario "Sin hacer ruído")

domingo, 29 de mayo de 2011

Locos de amor


Y tú, precisamente tú, te quejas

porque dices que les cuento más cosas

a mis amigas las negras hormigas.

Creo, sinceramente, que te sientes

celosa cuando me ves en el suelo

de rodillas hablando, jugando y maquinando

travesuras con ellas. No entiendes que proyecte

mi sombra sobre sus flacas figuras.

Te extrañas de que comparta nueces y avellanas

con nuestras vecinas las saltarinas ardillas.

Tú, precisamente tú, que te empeñas

en levantarte todas las noches para escuchar

a tu cómplice, la luna, y luego me lo cuentas,

callándote lo que a ti te interesa;

crees que me engañas; lo intentas, pero hay un lucero

que vuestras conversaciones me revela; noche

a noche, él os espía, y a través de tus sedas

por tus encantos él se cuela;

y éso, amor, éso a mi me duele

éso, amor, éso a mi... sí me desvela.


(Del poemario, "¡Ay, el amor!")

lunes, 23 de mayo de 2011

Abducido por la red


He pulsado la clave de mi computadora.

La pantalla, cueva con velos de medusa electrizante,

cestiño femenino, sedoso, rosa o púrpura,

me ha abducido, con forma y fuerza de remolino.

A velocidad de vértigo sobrevuelo pistas entre dígitos,

circuitos que, en la red, flotan entre luces led y de neón.



Atravieso océanos y continentes, al otro lado de las pantallas,

con ubicuidad permanente.

Caras conocidas toman cuerpos ignotos, con manos afanosas

acariciando las teclas, muchas revoloteando

entre piropos y halagos.



Veo cómo sus palabras desfilan por sus mentes,

colibríes encadenados a hermosos pétalos,

nubes de colores atomizados sobre sus imágenes cambiantes;

siluetas vaporosas de damas, vigorosos torsos masculinos.



Juego con sus palabras, les escondo algunas,

las vuelco, con fluidez generosa, en sus teclados.

Sus miradas se pierden más allá del monitor,

como si quisieran verme, adivinándome en esa nueva dimensión.



Miradas suplicantes, altaneras, tímidas, pudorosas,

ante las letras que emergen de sus dedos,

chocan con mis ojos, con mi espectro.



Y entiendo lo que quieren decir en ese momento y no pueden,

las palabras huyen, como cervatillos ante el sonido del viento.

Juguetonas, saltarinas, rebeldes se esconden,

o brotan los versos presurosos, con voracidad que devora y regurgita.



Páginas y más páginas virtuales desfilan, se archivan

y se cuelgan en la red con vocación de perpetuarse.

La luz me sigue portando febrilmente por vías laberínticas, ,

en todos los idiomas, con estilos y sensibilidades diferentes.



¡Somos tan poca cosa! Si algo de nosotros quedara

después de nuestro postrer viaje…


(Del poemario "Sin hacer ruído)





martes, 10 de mayo de 2011

El ocaso


El ocaso, rojo y cálido como la ardiente

sangre, abrasa las palabras y sus besos de amor.

La mar, sus aguas vacilantes y juguetonas,

lame sus cuerpos, entrelazados y desnudos.

Una gaviota, columpiada en las mudas olas,

observa a los amantes.

El sol, pudoroso, se esconde tras las montañas.

Ya, a oscuras, dan rienda suelta, con frenesí, al goce,

a la fogosidad que embarga sus sentimientos.

Las sabias manos de él recorren la orografía

provocadora de un cuerpo joven e incendiario

que se retuerce, conjugando los movimientos

con los lascivos lances de su amante.

La luna, curiosa, se asoma en lo alto;

por lo que ve, ya no es de plata, pues se sonroja.

Tras varios asaltos se internan en las templadas

aguas, jugando y salpicándose con las olas.


(Del poemario, "Me traía una sonrisa")


lunes, 25 de abril de 2011

Complejos



Se es joven hasta que no se sienten los complejos

de piel arrugada, ni de arrugas en el alma.

Cuando los ojos buscan a lo lejos, encuentran,

y la mirada no se cansa.

Cuando una mujer te mira, y su mirada

no te extraña.


(Del poemario "Me traía una sonrisa")

jueves, 7 de abril de 2011

No me lo digas

                                                                                         "Ya no bailan tus pupilas al besarte 
                                                                                         ¿Dónde se perdió el amor,
                                                                                         cuándo comenzó el olvido,
                                                                                         deshojándolo como flores de 
                                                                                                                         Daniel Escribano Vela 


No, por favor, no me lo digas,

ni vengas con excusas ni reproches,

Te lo pido, no digas nada,

no insistas, ¿no ves que yo permanezco en silencio?

¿Por qué tú insistes ahora?

Hace ya tiempo que del amor nuestro

al viento se colgaron las últimas cenizas.


(Del poemario "Vivir cada instante")

lunes, 4 de abril de 2011

Zuñi




Zuñi, te has ido consciente, sabiéndolo

hasta el último momento, con los besos últimos,

y postrer cigarrillo.

Nos dejas tu sonrisa, tus canciones,

tus versos -te acompañarán tus endecasílabos-

Zuñi, entre nosotros no has muerto,

aunque de luto estamos.

jueves, 31 de marzo de 2011

He besado tus ojos


He esculpido mis besos

en el couché de tu fotografía,

he mojado con mis lágrimas tus sonrosadas

mejillas, como si mis lágrimas fueran tuyas.

He besado tus ojos, tan llenos de caricias.

Te he guardado, mi amor, en el bolsillo de mi alma.


(Del poemario "Luna llena")



miércoles, 23 de marzo de 2011

Encuentro en Granada




(26-03-11)



Ábrete, Granada,
recibe a los que te cantan,
que es primavera
y tus fragancias
y deliciosas estampas
disfrutar esperan.

Abre, Granada, tus puertas,
pues en son de paz llegan,
con sus plumas en ristre,
sus versos, sus poemas,
sus ilusiones.

Poetas peregrinos
de todas las regiones
de España, de Canarias
a Galicia.

Abre tus puertas y escucha;
entonarán loas
a tus grandes semblanzas,
a tus nieves, tus puestas de sol,
al arte que encierran tus muros,
Alhambra, misteriosa,
bella y voluptuosa.

Al delicado murmullo
de tus fuentes y, cómo no,
tañidos de guitarra
en noches de caracolas,
dulces como versos
de Lorca, huidizos
cual cuchillos con fulgores
de plata, de luna llena
o luna mora... escucha atenta,

Granada... Granada, gracias
por abrirnos tus puertas.


(Del poemario "Sin hacer ruido")

domingo, 13 de marzo de 2011

No sé qué dolencia...



Hoy mi alma tiene el color de los días

otoñales, en los que el sol no nace.

Mi mirada se pierde en la fría luz

que anida mi memoria, entre el exiguo

murmullo del silencio de la tarde.

No hay nada que pueda salvarme, no sé, ni encuentro

qué dolencia me aqueja, ni si remedio alberga.


(Del poemario "Sin hacer ruido)



martes, 8 de marzo de 2011

Maltrato.


Siempre -a cualquier hora, fuera del día

o de la noche- empezaba a tronar la misma voz,

escupiendo alcohol, cascada rota,

-cual trallazos de metal contra metal-

Al lado de nuestra casa el infierno,

habitaba el diablo; así de cruel y sanguinario.

Golpes de objetos contra las paredes,

contra el suelo,

vidrios rotos, sollozos, lamentos confundidos

con quejidos, gritos y más sollozos.

Más golpes, blasfemias, quejidos.

Luego, después del terror de los gritos,

el terror, más profundo e incierto, del silencio...



Mirábamos a la pared que nos separaba

queriendo adivinar,

buscando la silueta de aquella pobre mujer,

pidiendo que aún no estuviera muerta.

Él había cerrado, con un seco portazo,

la pesada puerta, con sus pasos alejándose

se iban silenciando sus maldiciones.

Tenues ayes nos confirmaban supervivencia,

de una amarga, desesperanzada y cruel vida.



Un día, después de los golpes, al final, no hubo

más lamentos, ni sollozos, ni ayes... sí silencio;

un silencio denso, rasgado por una sirena de ambulancia,

ya innecesaria.


(Del poemario "Sin hacer ruido")

domingo, 27 de febrero de 2011

En cien batallas



Ha colmado sus ojos -con sus manos- de tanta

tragedia

que no los puede abrir sin que se vuelquen en lágrimas.

Vio todos los males de la tierra;

estuvo en cien batallas, vio un millón de cadáveres,

-jóvenes deshechos por el miedo y la metralla-

durmió, comió con ellos, en todas las trincheras,

salpicado del hedor de vísceras, sangre, heces,

y gritos lastimeros de heridos, mutilados,

moribundos...





Tu corazón de piedra, mercenario, pagado

por cien banderas,

se rompe en tus sueños de zozobras. Tus refugios

son ahora las mismas drogas que antes te lanzaban

a la bayoneta calada.

Mas no descansas; sigues matando...ya, sin armas.

Y, así, sueñas todos los días

con tus, ahora, esas cruentas pero irreales batallas.


(Del poemario "Sin hacer ruido")

viernes, 18 de febrero de 2011

Resucitando el silencio




Han quedado atrás el rumor de rezos,

quedos cuchicheos y los indómitos llantos.

Por fin solo y para siempre solo…



Mi cuerpo, frío,

abierto en canal y mal cosido, con hilvanes

de largos trazos –sujetando carnes… pellejos-

por la inmediatez de lo innecesario.



Yazco rígido, lívido, las cuencas

de mis ojos vacías,

ocultas por el velo de los párpados

-nunca lo hubiera imaginado;

¡que algo de mi sirviera

para dar luz a otro humano!-



Me queda el corazón inútil, destartalado,

y algún órgano, igualmente, vano.



Las llamas, ávidas, rompen el silencio,

lamen mis restos.

Indecorosas, se adentran en mis entrañas.

Buitres de alas de fuego devoran mi cuerpo

y, luego, levantan el vuelo, se desvanecen

resucitando el silencio.

(Del poemario, "Sin hacer ruido")





lunes, 14 de febrero de 2011

¿Por qué?




¿Por qué, Señor, concedes hijos a quien no debes,

a quien no se los merece?

Es un llanto cansado, débil y resignado

que, apenas, puede arañar el silencio

de la noche y, sin embargo, me impide

conciliar el sueño.



Imagino un pequeño bebé, endeble

y desatendido, desamparado

que se aferra, con sus escasas fuerzas,

al frágil hilo de la vida.

Cuando sus lamentos se silencian deseo oír

de nuevo, si no sus risas, al menos, sus quejidos

que confirmen su supervivencia.



¿Es un niño carente, quizá, de amor, de salud,

sin una nana que calme su inquietud, su dolor?

Mis ojos, insomnes, escrutan la oscuridad

buscando su sonrisa inédita.

Niño por mí desconocido; tu cara es mueca,

solo triste mueca, de infeliz niño,

de niño desgraciado, abandonado.


(Del  poemario "Me traía una sonrisa")

viernes, 4 de febrero de 2011

Mujer, tú eres poesía



Poesía es tu cuerpo,

erguida tu imagen -a tus pies

tu contorneada sombra, sobre el lienzo del suelo-

o tendida, figura expectante -acogedora seda-

o... mecida por el sueño.



Rimas y leyendas son tus ojos, son faroles

encendidos de pasión, tu rostro junto al mío.



Pareados son tus labios, tu boca con mi boca.



Poesía es tu cabello, suelta tu melena en pos

del viento, o recogida,

graciosa, en lo alto de tu cuello.



Versos son tus senos -rimando

en asonante- con los labios

que los lamen,

labios incansables

que liban en ellos,

con la insaciable sed

del amante que bebe de tu cuerpo.



Y versos, también,

-en albedrío perpetuo-

son los vellos que acarician,

en las sombras, tu sexo,

dormido o violentado

por las caricias penetrantes

que te elevan

–nos elevan- al cielo.



Dos romances tus piernas,

los pilares del edén.


(Del poemario, "Luna llena")

miércoles, 26 de enero de 2011

Luna llena




Esa noche nuestros ojos eran los que hablaban.

Fueron tus ojos, mi amor,

los que me dijeron que tú me amabas

Fueron tus ojos, mi amor,

los que me abrieron, de par en par, tu alma.

Y esa noche, mirándome a los ojos,

esa noche, la luna...

el brillo de tus ojos envidiaba.

Y esa noche, de luna llena,

nuestros cuerpos se unieron,

se enlazaron, por siempre, nuestras almas.

(Del poemario "Luna llena")





domingo, 16 de enero de 2011

Dos haikus

Laurel eterno,

con glorias coronado,

sabes a triunfo.


Color es la rosa,

fragancia, vida, amor;

eres obsequio.




(Del poemario "Sin hacer ruido")

miércoles, 12 de enero de 2011

Madrid, hora punta de la mañana

Es invierno,

la oscuridad aún borra las calles.

Un joven -no tendrá más allá de los treinta años-

está en la acera agitando los brazos,

rítmicamente,

mientras dice palabras

que nadie atiende.

El movimiento de sus manos

–en compás binario-

se ha hecho más rápido,

y su voz, antes imperceptible, sube el tono;

parece muy grande su enfado,

luego. inmediatamente, ríe con risotadas

espeluznantes.

Casi al unísono, mueve la cabeza y hombros,

-en tic convulso- sin dejar de mover los brazos.

Sus piernas buscan, afanosamente, lugares

que no encuentran;

giran, una vez y otra, en distintas direcciones,

direcciones que no llevan a ninguna parte

-lucha encarnizada de cuerpo y alma enajenada-

Para un autocar; un hombre fuerte, en bata blanca,

le ayuda –obliga- a entrar en él.

El autocar parte triste, renqueando, con tara

en demasía

-navío fantasmal, con las velas desinfladas

y mentes a la deriva-

El espeso vaho de las ventanillas deja ver

cómo mentes sin dueño

gesticulan y hablan al aire. Mientras,

entre nieblas, sus luces se alejan y se pierden

entre lo cotidiano.

(Del poemario "Luna llena")

martes, 4 de enero de 2011

Bajada del telón.

Qué duro es recorrer con la mente los caminos

por los años ya transitados,

recordar lo vivido sin la atención precisa,

sin saborear despacio -como se paladea un buen vino-

como no haciendo caso a lo que ocurre

a nuestro lado,

como ausentes de aquel momento que fue presente,

como si no fuéramos actores de aquel teatro.



Tiempo con vivencias no olvidadas

que no podemos traer a este momento

-sí acariciar con nuestra mente-

que ya no vivimos, o vivimos en pasivo.



Todo quedó atrás,

tras muchos horizontes,

con los mismos paisajes, cual atrezo

de la vieja comedia de Dante, con actores

caducos, relegados en palcos de platea,

esperando el apagado de luces

y bajada del telón

definitivo.


(Del poemario "Luna llena")

Durante la lectura en el Centro Cultural "Pablo Iglesias" de Alcobendas

Aparte de leer poesía, tasmbién cantan canciones de su creación. En esta ocasión, una dedicada a Miguel Hernández.

Castillo de Sigüenza

Castillo de Sigüenza
Realizada por Antonio López Negredo