Mujer, tú eres poesía

Mujer, tú eres poesía

viernes, 15 de febrero de 2019

viernes, 8 de febrero de 2019

Cuando caminas, niña


Cuando caminas, niña,
se revolucionan las calles,
ahítas quedan todas las esquinas.
En los parques los sauces lloran
sus ramas, pidiendo que no te vayas.

Las ventanas se llenan de fascinados ojos
por ver tu linda, excitante, figura.
Las aceras te esperan con codicia;
el sol, ¡qué envidia! te acaricia entera,
con sus lascivos y calientes rayos...

¡Con qué gracia balanceas tu cuerpo!
tu melena cómo se desliza por tu cara,
cómo hechiza y cautiva tu sonrisa,
cuando, con tu inocencia, saludas al pasar.

Tus vestidos moldean tu cuerpo,
aunque cubren tu belleza, como las cortinas
amparan monumentos. A la luz le da miedo
llegar a tu piel, mostrar tus encantos,
descubrir tus secretos...

La suave brisa lleva el perfume de tu cuerpo;
de rosas y jazmines es su aroma, también
los labios que adornan tu cara, ávidos de amor.

Mientras, tus cabellos flamean cual las banderas,
de los imperios de la juventud y belleza.

viernes, 1 de febrero de 2019

¡Ay, mi amor!



“Líbrate de sucumbir a ese amor,
que dicen que no te conviene”

“Si  les escucharas, oirías los argumentos
que oyen todas las esquinas...”

Señor, Señor! Como si el corazón
se abriera a la razón, al cálculo, a la suma…
¡Yo quiero a mi niña morena!
Y soy sordo
cuando sus ojos me miran como así me miran,
y soy ciego
cuando sus labios pronuncian mi nombre,
y subo al cielo
cuando su piel acaricia mi piel.

Y dicen... lo que digan,
sonrían... como sonrían.
¡Yo quiero a mi niña morena!
¿Podría vivir, mi amor, sin tu amor?. 
¿Podrían mis ojos ver, sin a ti, mi amor, verte?
¿Podría mi piel gozar
sin mi piel gozar de tu piel?

¡Ay, mi amor, es mi alma esclava de tu alma!
Y lo que digan...y como sonrían…
no es nada que ya pueda detener
nuestra muy loca pasión desatada.

viernes, 25 de enero de 2019

Clamaré



 Clamaré en tus oídos,
atraeré tus pupilas a mis ojos.
Respiraré el aire que tú respiras
y desprecias.

Seguiré tras de ti,
me embriagaré del aroma
de tu cuerpo,

acariciaré la seda
de tus senos,
beberé tus lágrimas, devoraré tu cuerpo
y, entonces,
se unirán nuestras almas.



viernes, 18 de enero de 2019

Sin pudor



Sin pudor proclamo mi amor al mundo,
cual si fuera joven apasionado,
si, aun anciano, estoy de ti enamorado
¿por qué acallar mi sentir, tan profundo?

Te miro con ardor en la mirada
y pido de ti el mismo sentimiento
pues, te juro, sería un sufrimiento
que no estuvieras de mí enamorada.

Dicen: “la pasión los años cura”
mas yo no creí nunca en este aserto
pues, de siempre, siento por ti locura.

Y, aun estando dormido…o despierto,
mi cuerpo vive el amor con bravura
hasta que Dios y tú me deis sustento.



viernes, 11 de enero de 2019

Ronda a la luna



Acompañabas mi vagar nocturno
saltando, graciosa, de charco en charco,
juguetona, recortada, pequeña y moruna,
jugabas al escondite entre las nubes blancas.

Mi corazón, enamorado,
brincaba a
tañidos de guitarra.




viernes, 4 de enero de 2019

El edén



Recorrí tus caminos y tus fuentes,
bebí, sediento, de ellas.
Subí a tus montículos, me deslicé a tus valles,
libé en sus flores, comí de sus frutos;
encontré el edén en
el universo joven de tu cuerpo.



sábado, 29 de diciembre de 2018

Niña, mírame a la cara


 Niña, mírame a la cara,
        que quiero ver tus ojos, ventanales de tu alma.
        No bajes las persianas negras,
        no bajes tus pestañas
        que quiero enviarte mi mirada
        y que te llegue a las entrañas.

        Niña, no vuelvas tu la cara
 que los zagales te ven
        y se llevan consigo mi calma.
        Eres más hermosa que el mes de Mayo,
        eres el más bello jardín
        donde busco yo posada
        para dejar, por siempre,
        aparcada ya mi alma.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Mujer, tú eres poesía


Poesía es tu cuerpo,
erguida tu imagen,
a tus pies tu contorneada sombra
por el lienzo del suelo,
o tendida, figura expectante, acogedora
seda… mecida por el sueño.

Rimas y leyendas son tus ojos, son faroles
encendidos de pasión, tu rostro junto al mío.

Pareados son tus labios, tu boca y mi boca,
degustando el exquisito sabor de tus besos.

Poesía es tu cabello, suelta tu melena
en pos del viento,
o recogida, graciosa, en lo alto de tu cuello.

Versos son tus senos, rimando
en asonante, con los labios
que los lamen incansables, que liban en ellos
con la insaciable sed
del amante que bebe de tu cuerpo.

Versos, también,
en albedrío perpetuo,
son los vellos que acarician
en las sombras tu sexo, dormido o violentado
por las caricias penetrantes
que te elevan, nos elevan, al cielo.

Dos romances tus piernas,
los pilares del edén.






viernes, 14 de diciembre de 2018

Es el amor



 El amor prendió en nuestras almas,
nuestros ojos lo decían,
lo sellaban nuestros labios.

Pasaron pocos días,
nuestros cuerpos se buscaban,
se enlazaban nuestras manos.

Tú, joven, inocente,
recibías mis caricias,
como el campo la lluvia,
después de la sequía.

Fuiste mi esperanza, mi arco iris,
aquella estrella que irradian tus ojos,
la calma, y el señuelo que me atrae y me guía.

Han pasado los años,
se extinguieron los sueños,
no el amor que disfrutamos.

viernes, 7 de diciembre de 2018

La luna nos besaba


     

Y venías, corrías, hacia mí,
cual chiquilla alocada, mojada con la lluvia,
vestida, mas… desnuda,
tus ropas desposadas con tu piel,
tus cabellos, cascadas en tu cara.

Tus pies, traviesos y desnudos,
salpicaban agua sobre agua.

Mojé tus labios con los míos,
succioné tus abiertos poros,
lo ardiente que tu cuerpo desprendía.

Las nubes se quebraban en diluvio,
la luna nos besaba



viernes, 30 de noviembre de 2018

MUJER, TU ERES POESÍA, libro recopilación de los poemas de amor y desamor que contienen mis tres libros anteriores.


                                 INTRODUCCIÓN                                           


 No voy a definir lo que, en muchas ocasiones, empieza por un cruce de miradas, más o menos intenso, o duradero, un simple roce de manos, más o menos casual, derivan en una atracción, que se va convirtiendo en pasión y desemboca en una necesidad de estar, de permanencia, del querer vivir juntos. A esta necesidad, la del deseo, la de la fuerte atracción física, le sigue el sentimiento, ya más generoso, que llamamos amor.

Durante la convivencia se ha ido conociendo más la pareja; salen a flote las bondades y los defectos. Aquellas hacen más idílico  el sentimiento. Los defectos, cuando se llegan a descubrir, se justifican, se intentan aminorar en su importancia y hasta, en cierto período fugaz, pueden, incluso, resultar graciosos, interesantes, y puedan llegar a ser un acicate más para ver la vida en común de color rosa.

El amor, tan ligado a la Luna, también tiene fases. Los tiempos van marcando las mareas de esas aguas, ora tranquilas, plácidas, ora turbulentas, de pasión desenfrenada o, como Luna apagada por el eclipse del desamor, pasa a la indiferencia, en la mayoría de las ocasiones y, cada vez más frecuentemente, a un creciente rencor que va engrosándose con males de fondo, revistiéndose de un odio desmedido que, desgraciada y cobardemente, llega a la tragedia.
El ser “humano” el homínido erectus, cazador y cainita se revela así durante toda su existencia, y, al contrario que otras especies, hiere y mata a sus semejantes,  fuertes o débiles, no le importa.
La mujer, su compañera, imprescindible para que la humanidad exista y crezca, no ha sido ni es ajena a la crueldad machista.
A estos actos, con demasiada frecuencia, se los juzga, benévolamente, como de enajenación mental, sin tener en cuenta que, para acometer esos actos, se estrujan el cerebro para que sean eficaces y salir airosos ante la barbarie.
Para los que, una vez que los han cometido, se suicidan, no les tengamos sentimientos de  piedad, pues ello es muestra de aquella consigna salvaje de morir matando, aunque sea tan cobardemente.

Traigo a este pequeño lugar los versos que durante un corto período de mi vida he ido trazando, y publicando en mis tres libros anteriores a éste que tiene Ud. estimado lector a la vista, como muestra de la admiración que la mujer me inspira, así como muestra de solidaridad y reconocimiento a ella.
También algunos poemas dirigidos a cuando los sentimientos de amor se desvanecen, se transforman, incluso, en odio,  llegando a la misma destrucción.
Jorge Torres 

                                             Capítulo I


                                                                ES EL AMOR

Y… llegaste, colegiala


Vacío y soledad.
Sombras entre las sombras,
cielos sin estrellas, noches eternas,
lágrimas en la almohada.

Luz del final del túnel; uniforme con trenzas,
carreras sin fin, risas en cascada,
ojos, los luceros del alma.

Miradas a hurtadillas, miradas con sonrisa,
sonrisas con convite, sonrisas con tristeza;
son… risas por todo, risas por nada.

Pregunta en la mirada, respuesta sin palabras;
ojos que hablan, ojos que piden, boca que sacia.

Cuerpos que se buscan,
caricias bien llegadas.
Sentimientos encontrados, sentidos latentes,
piel amada... Llegaste, colegiala.



viernes, 23 de noviembre de 2018

Este poema es el último del libro. Así termina la publicación semanal que venía realizando. Muchas gracias a los que se han asomado a este rincón,

Los últimos pasos

                                                              A mis hijos

Y cuando el fin de mis pasos
por el polvo de los caminos haya llegado,
de mi semblante, elegir,
para vuestro recuerdo,
las mejores de mis sonrisas,
con mi amor a vosotros dirigidas.

No digo que olvidéis las muecas
de los malos ratos, pues la vida de las unas
y de los otros se enriquece.
Mas priorizar en la memoria los buenos tragos,
ello os otorgará más amable sensación
y recreo más grato.


sábado, 17 de noviembre de 2018

Por hacer…



nada me resta, más que disfrutar
de todos los míos,
y esperar que mi longevidad
muy dilatada no sea, ni sea, para ellos
ni para mí mismo, una carga.

Que el futuro, que es siempre tan incierto,
y Dios, en quien fervientemente creo,
les colme de Paz y Felicidad.

Éste es mi mayor deseo.                                                                             


viernes, 9 de noviembre de 2018

Yo,



que por la vida caminé seguro,
aun dando tropiezos a cada paso,
ante ti camino titubeante.

Quizá no dé  traspiés, o quizá sí,
mas sí sé cuál debe ser mi camino,
y, también, qué camino no es el mío.


 


viernes, 26 de octubre de 2018

Dos de Noviembre, día de los muertos


Y cuando aún a mis días algún quinto me asiste,
cruzo, en frágil barca, este mar de olas encrespado.
La orilla, aun cercana, no diviso ni calculo
su distancia. Compañeros de vivencias yacen
en tierras subterráneas, sus almas los cielos
entrelazan como ocio, a la espera mi arribada,
con mi remar cada vez, más vacilante y lento,
mas llegada tan asegurada como cierta.

viernes, 19 de octubre de 2018

Reanudo la publicación de los poemas del poemario "Atardecer del alma" del que ya solo quedan cinco poemas, incluido el que hoy expongo.




- pues le quitaron hasta el Don-

Era un hombre gris,
como día sin efeméride
ni nombre en el santoral
ni señal en el calendario.

Para nadie era útil
para nadie querido,
ni necesario.
No se sabe si ya murió
o si anda por ahí, extraviado.


martes, 16 de octubre de 2018

Morituri



Una cinta elástica, en ambos extremos, vida
y muerte la tienen aferrada, fuerte, fuerte.
Y, como si balanza fuera ,
sus fuerzas la mantienen equilibrada, así
durante tiempo, siempre, incierto.
Es el pricipio de la vida,
ese duelo entre dos colosos.
El "morituri" ha empezado y ya el ganador
está señalado sin duda.
La elástica, muchas veces, cual competitivo
juego del pañuelo, es arrebatado,
nada más ver la luz,
por la garra huesuda y victoriosa. Otras,
la lucha se recrudece, se balancea hacia
uno  y otro lado, sin saber el resultado 
de tan cruento asalto. Pero el tiempo no ha llegado.
La aguja del reloj no ha parado, no ha marcado
su hora. El cronos sigue avanzando hasta su final.
Nuestro código de barras,
en nuestra piel inserto, lo señala:
Consúmase, año, hora, minuto, segundo. No
antes, mas tampoco después. Se cumpla.


viernes, 12 de octubre de 2018

En recuerdo de Elvira


 Una vez más has cumplido tu labor odiosa,
Muerte.


 Has atenazado otro corazón con tus zarpas
de hueso. Has puesto tu  espantoso y tétrico rostro
sobre lindos rasgos de mujer. Odias lo bello.

Pero no desprecias a los menos agraciados.
Todo para ti vale, pirata destructiva,
fiera feroz, insaciable e impía, eres cómplice         
de gusanos e infectas ratas, dueña
de despojos, los bajos siniestros de la tierra.

Voraz de la carne, con todos yaces,
y todo ser, para ti, es deseable.

Has sido, eres y serás maldita maldición.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Hoy, ochenta años…


hubieras cumplido, Elvira.
Luchadora empedernida,
te rendiste al dolor, a la, siempre, victoriosa
Parca, tan presente en tus versos,
tan presente en tu lecho, al fin.
Nunca olvidaré tu rostro, con la muerte dentro.

Ser más longeva que nuestros padres
no
fue de tu agrado, rompiste el suma y sigue, más…
¡No!
Y te quedaste ahí, a pocos meses, pocos días.

Te asustaba esa cifra; era romper la barrera
a la senectud. Tu,
con la mente preclara,
no quieres llegar. Odias ver menguada
tu dignidad y... tu dignidad vence.



Dos de Octubre, del 2018.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Gracias (Oración)



Gracias, oh Dios, por todo lo que me has concedido
y, mucho más, por todo lo que me has perdonado.
Muchas veces distanciado de Ti, pero nunca,
nunca te he olvidado.

Tú sabes, Señor, cómo soy, cómo siempre he sido,
todo el mal, todo el daño que yo he podido hacer.
Pero sabes, también, que de todo ello
yo me he arrepentido

Sé que, desde muy pequeño, me escuchas;
te estoy agradecido.
Cuando, a veces, creí que estaba solo,
que me habías dejado, Tú estabas a mi lado.

Años, muchos más de los que esperaba, he vivido;
y mis frutos han cuajado, mis mejores bienes,
que Tú me has otorgado; por ellos, Señor, ruego,
por su felicidad seré siempre agradecido.

Ellos, Señor, Tú lo sabes, son buenos,
mi culpa, otra más, que no sepan más sobre Ti,
mas mi culpa ellos no la han cometido.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Aquel negro y triste sábado.

        


 EN MEMORIA
                                                                         
  Perdóneseme el atrevimiento,  pues el dolor y el amor no tienen pudor.
                                                                         
Ayer, un día muy triste, para mi lo fue. Se cumplían treinta y seis años de que una larga intervención quirúrgica terminara con la vida de uno de mis seres más queridos: mi padre.
Se nos dieron garantías de éxito total, “nada que temer”.  Así que  apenas le despedimos ¿para qué? ¿para causarle preocupación? cuando entraba en quirófano, un viernes de dolor.
Se iba con sonrisa cariñosa y enigmática.  ¿Es que, quizá, sabía lo que iba a ocurrir?
De madrugada oímos voces nerviosas, pedian sangre, carreras por los pasillos interiores, nervios…y a nosotros nos invadió el miedo, el pánico, de que ocurriera algo que no esperábamos; se nos garantizó éxito por el cirujano…
Horas interminables,  un silencio extraño.
Nos dicen que pasemos solo dos a la UCI;  mi madre en primer lugar. Al poco tiempo sale descompuesta, llorando.
Entro, veo a mi padre roto por dentro, cables, tubos máquinas. En su cara el reflejo del dolor más intenso.  Le tomo una mano, la más libre que yo veo, me la retira, con quejido y rostro descompuesto. No puedo reprimir el llanto que arroja lágrimas a sus hombros descubiertos.
Le lleno su frente de besos, son besos suaves, cautelosos por no ocasionarle dolor, daños.
Mis besos son los últimos. No me lo creo. Y él está sufriendo...consciente, está a un paso de la odiosa muerte.
Dolor en mis entrañas, mareo,  náuseas contenidas, espanto.
Salgo de aquella sala de torturas.  Mi familia, mi madre, hermanas y yo, con los corazones oprimidos, soportamos, incrédulos, el fatal desamparo.
Nos quedamos solos, huérfanos de nuestro amado padre. A las siete y media de la mañana, de un Sábado  negro, salíamos del hospital.
Y ese Sábado, negro, mi mujer cumplía años. Una vez más la grotesca y cruel muerte empañaba la alegría de mis ojos cansados.

Hoy, aun lejana en el tiempo,  recuerdo, con nostálgica sonrisa, aquella  repetida frase por mi hijo menor: “No te ayas abeito, está pibido”   mientras extendía sus bracitos, intentando evitar que mi padre saliera de nuestra casa, cuando venía a visitarnos.
Hoy, un día más, con alegría, pero con gran nudo en la garganta, felicito a  Carmen , mi mujer, por su nuevo cumpleaños, uno más, y muchos más que cumplirá, así se lo deseo.

 

Madrid, 20 de Enero de 2016

viernes, 14 de septiembre de 2018

Padre

                             

                                                Me hubiera gustado ser
                                                el buen padre que tú fuiste.


Tus ojillos chispeantes,
en sonrisa interminable,
me acarician por siempre.

Tu caminar ligero,
por tu pinar amigo,
acompaña mi camino.

Manos recias, de hierro, tiernas
de caricias,
afanosas, ágiles, generosas.

Tiempos de posguerra,
corre caminos infatigable;
huiste al hambre.

Creyente tardío,
convencido de Dios,
te hiciste más bueno.

Educador, autodidacta,
ausente de vicio,
grande de alma.

¡Cómo añoro los cuentos
en las noches largas!
¡Cómo los besos que me dabas!

Nos dejaste solos.
Sin nosotros saberlo,
despedida en la mirada…


viernes, 7 de septiembre de 2018

Para ti, madre


Para ti, mi recuerdo, madre.
Un recuerdo nostálgico, con rictus, con ceño
fruncido, con amor escocido.

Nuestros últimos ratitos, sentado a tu lado,
los saboreé con mimo
y  avaricia,
sabiendo tu sueño cercano.

Recuerdos...muchos dulces...
agrios, espinosos, dolorosos también hubo;
tu amor daba para todo.

Y te comprendí... Nuestras lágrimas
lavaban nuestras culpas,
se cerraban las heridas.

Maravillosa mi infancia, en tiempos de posguerra
pero sin penurias, con mis juguetes;
¡mi caballo negro, de gran cola!

Tu  devoción y los frailes rompieron
el feliz cuento. Mucha distancia,
hambre y sueño me acompañaron en el convento.

Pero el regreso, vuestros besos,
mi cama, mi casa, los baños
en el río me hicieron, 
otra vez, crío.

Y los años pasaron,
pasaron en poco tiempo.
Encontrar el amor
supuso nuestro desencuentro.

Y te comprendí, ahora más te entiendo,
lo sentí, y  aún lo siento; fue otro triste cuento.

¡Cómo no te voy a entender, si para entenderte,
tengo a diario tu sentir
en tres trozos salidos de mí!



viernes, 31 de agosto de 2018

Jorge



En nuestra primera conversación,
cuando estabas aún en el vientre de mamá,
me dijiste: "hasta pronto, abuelo" y, como
hombre de palabra, cumpliste lo prometido.

Y viniste, como con prisa, en el primer día
del mes nueve, con ligero llanto de impaciencia
y ojos abiertos, escrutadores. Indagabas
todo, sonidos, voces, luces, caras …

Eras tan pequeñito que tu papá, en la palma
de su mano, te acogía, con sumo cuidado.
Y fuiste creciendo rápido. Empezar a andar
fue para ti un juego, entre tus alegres, sonoras,
risas y carcajadas. Te lanzaste a andar,
a descubrir, a conquistar tu, este, mundo nuevo,
con ojos tan llenos de ilusión y de esperanza.

Y nuestros corazones latieron con más fuerza
desde entonces, y para nosotros fue, también,
el mundo un mundo nuevo. Nos abriste senderos
frescos, con colores de lindos amaneceres,
prometedores de amor y de felicidad.

Ya has cumplido seis años, eres alto, elegante,
alegre, juguetón, inteligente, 
de gran corazón, siempre repartiendo cariños
besos, abrazos... y qué abrazos! Te quiero, Jorge.
Quiero seas feliz y hagas feliz a los tuyos.

viernes, 24 de agosto de 2018

Jorge, Martín, Adrián

                                                        A mis nietos

 Hoy, un muchacho, de unos veintitantos
años, por su faz y su talle,
me ha hecho imaginaros a una edad
que no os veré.

He sentido una extraña visión; le he puesto vuestra
cara, ya, adulta, os he disfrutado de mayores
porque, por un momento, he pensado que eras tú,
Jorge, tú , Martín, tú, Adrián.

No, no me he esforzado, en absoluto,
pues así te veo, os veo, veces y más veces,
a mis nietos, en la distancia, en ésa,
para mí inaccesible, a la que no llegaré.

De algo que ya no viviré, he sentido nostalgia.

viernes, 17 de agosto de 2018

Adrián (Visualización de su ecografía)


A través de una técnica misteriosa, te hemos
podido contemplar con perfecta precisión.

Sabemos ya mucho de ti y nos ha subyugado,
emocionado, el ver tu corazón diminuto,
cómo late, desbocado, y proyecta tu sangre
con fuerza desbordante.

Los movimientos de tu pequeña cabecita,
de un lado a otro, como si buscara a tu madre,
cuyo claustro y amor te engendra.

Abres tu boquita en O
expulsando burbujas, como volutas de humo
de empedernido fumador.

En tus facciones se dibujan los ojos, labios,
las naricitas de tu hermano mayor, Martín.
Serás un bebé tan guapo como él,
que sueña contigo todas las noches.

Y llegará el momento, mágico, que tu madre,
con amor y alivio, sentirá tu húmeda piel 
sobre su piel, recorrerán sus manos 
tu deseado cuerpecito,
observará tu cara, tus manitas,
todas tus facciones, se reconocerá en ellas.

¡Más de nueve meses apeteciendo tenerte
entre sus amorosos brazos!

Mirará al cielo dando gracias.
Y el cielo la sonreirá con bendición y amor 
A tu padre, de momento, se le borrarán,
miles de canas, y se humedecerán sus ojos,
de felicidad, con copiosas  lágrimas.

Tu abuelo Martín
te tomará con sus manos,
te acogerá y alojará en su gran corazón.
Besará esas tus pequeñas facciones,
tan familiares,
tan suyas, tan repetidas y queridas ya.
Y el cielo le sonreirá…

Y… tu hermano, ¿qué hará?
La cantidad de besos que estallará en tu piel!
Cuando te vea, sus ojos
se van a hacer aún más grandes,
apenas cabrán  
en su bonito y morenazo rostro.

La de botes que va a dar. ¡Adrián! ¡Adrián!¡Adrián!
levantando sus brazos,
dando sus característicos botes, señal
de triunfo y, también, de gozo.

Tu abuela Carmen, desde ese día, piensa siempre
en ti, y últimamente, cada cinco minutos,
-“Cuándo vendrá? Cuándo llegará ese chiquillo”
-“A ver si viene bien” “Sí, bien vendrá”

Yo, como alguna otra vez,
he echado en falta
que mi ordenador no use impermeable.

Eres bien venido Adrián. Que seas muy feliz!
Nosotros lo somos ya.

viernes, 10 de agosto de 2018

Martín


   

Esta mañana de Marzo ha salido el sol más
generoso y despistado en su luz y calor,
a las siete y treinta, en punto.
Hoy la vida  nos saluda con fuerza
y… desnuda, como así la vida es.

Ha venido Martín, mi nuevo y querido nieto.
Ojos grandes y abiertos, expectantes,
a la luz de este mundo,
a lo que dejaba entrever la piel de su madre,
desde su ya pleno y bendito vientre.

Mi nieto, Martín, es moreno, como sus padres,
perfecto cuerpo,
manos grandes, tendidas, solícitas de amores,
piel sonrosada, dispuesta a crecer.

Es la esperanza, en un mundo
lleno de interrogantes…
Es manantial de sonrisas,
en tiempos no muy pródigos en ellas.

Es el ansia de un mundo mejor, nuevo.
El triunfo de la vida,  deseada.
El reencuentro del amor
con la fragilidad,
con la más absoluta dependencia
de la gente de buena voluntad, de sus padres.

Así, les felicito,  a ellos y, sí, a mí mismo.
Al recién nacido deseo, de corazón,
feliz y larga vida.

Bienvenido eres, Martín!


viernes, 3 de agosto de 2018

La computadora


Tildaba de aburrida y árida  
a la dueña y señora del mundo: la Informática.
¡Cuán equivocado estaba!
Hace poco tiempo,
apenas unos años,
abandoné los miedos y mis propios engaños.
Empecé a hacer pinitos,
algún que otro trabajo,
un solitario, a veces, y,  cómo no, poemas
en la pantalla dejé reflejados.
Como os he dicho,
de eso hace unos pocos años, y ahora
sí, aquí estoy, usando yo mi teclado.
Si el gran Cervantes o Lope de Vega
lo hubieran utilizado,
estanterías bastantes no habría en el mundo
para almacenar tantas letras...
Ah! pero... ¿qué es lo que digo?
¡qué desatino! en un  simple CD
muchos poemas archivo.


viernes, 27 de julio de 2018

El toro de la Vega


Ay! Toro, torito,  toro de gran poderío
¿por qué te hiere esa chusma,
por qué te acosa el gentío ?
Matarifes a caballo, con sus lanzas, largas,
-pues las alarga el miedo-
acuchillan tu poderoso cuerpo.
Están  sedientos, ávidos de sangre,
España, sangre y mies es tu bandera.
¿Qué mal has cometido, qué mal ha hecho tu especie
que hace que, en estos lances, yo a la mía desprecie?
No puedo mirarte,  no puedo ver esos ojos
llenos de horror, dolor y espanto,
mientras, tu cuerpo yace, descosido, sangrando.

viernes, 20 de julio de 2018

Medina de Rioseco



       Ciudad de grandes y bellas iglesias,
    monumentales pasos de Semana Santa,
   sabrosas viandas, exquisito cordero,
      con buenos caldos y soportales viejos,
                                                                                                  permíteme, en el tiempo,
                    hacer un hueco.




Sobre las piedras, redondas
y húmedas, de tus calles,
cerca de Santa María,
la muerte vi, por vez primera;
aquel cadáver,
que vida sólo unos minutos antes tuviera.

Cuántas veces soñé con aquella cenicienta
cara,  por la que resbalaba
un hilillo de sangre, desde  la boca abierta.

Por segunda vez, en tan poco tiempo,
la muerte anduvo cerca; de noche, cual fantasma,
se llevó a un postulante
que murió de asma.

Mis escasos años
tropezaron con el silencio,
con las rigurosas reglas,
como el trato de usted
a mis compañeros.

El leve pitido del tren 
avisaba del fin de nuestras horas de estudio,
de recreos o de rezos.

Sus vías estrechas eran, a veces,
nuestros senderos de cortos paseos,
no lejos del convento.

La cruel ausencia
de mis seres queridos.

Lo peor, llamar padre
a quien el mío no era, al que yo tanto quería
y que estaba tan lejos.

El dormitorio en obras,
en crudo invierno...
Sábanas que mojaba con mis sueños,
de tristezas y de miedos.

Por caminos nevados, carreras, perseguidos
por aquel novicio,
que nos daba golpes con su correa, 
Correazos en las piernas, desnudas y tiernas,
de niños de diez primaveras.
Nevadas que ocultaban los caminos,
las carreteras.
Heladas que mostraban grandes chuzos,
cayendo de las tejas.

Tierra de Campos...campos bellos.
En primavera altos trigos, 
estallido de flores,
olores y sentidos.

Grandiosas dehesas, con reses bravas pastando,
con redondos y poblados palomares de aves
viajeras, que sobrevuelan sus campos.

Las comidas, en el refectorio,
con interrogantes en sus vajillas,
con la diaria lectura, entre ruido de cubiertos.

Lo mejor: cantar en el coro,
en la iglesia,
debajo de la torre “Lapicero,“
bien abiertos nuestros ojos,
de par en par,
ver a los niños con sus padres,
¡qué envidia, qué gozo y, más, qué tristeza!

¿Y pasear tranquilos,
sin la amenaza de aquella correa?

Un día, una niña, con la sonrisa en sus labios,
jugando en la acera,
me ofreció su rubia muñeca.

Niñez sin juguetes;
tardes invernales, tediosas, interminables,
de pipas y cacahuetes
para confortar estómagos tristes, vacíos.

Edad temprana para el insomnio; noches largas,
eternas,
carentes de cariños, abrazos y de besos.


Pero todo aquello quedó muy lejos...


viernes, 13 de julio de 2018

Carretera de Siguenza a Soria

Carretera de Sigüenza a Soria
Salgo de la ciudad,
atravieso las aceradas vías del tren,
camino de vidas inquietas.
A la izquierda, desde lo alto
de la ladera del monte,
Sigüenza, siempre bella y callada,
la Catedral, sus almenadas torres,
y maltrechas murallas del Castillo.
Las calles reptan empinadas cuestas.
Siguiendo para adelante, en la misma mano,
Séñigo, el torreón vigía,  ciego,
Diseminados por entre la hierba sus despojos,
rendidos al paso del tiempo, de la desidia.
Desde esa media cota se abre el cielo
a un frondoso y gran valle.
Serpentean los arroyos
sus rumores de antaño,
entre un calmo océano de trigales.
El monte acerca el horizonte,
entrecortado por verdes carrrascas
y arrugados encinares, donde se oyen cantos
nupciales de aves.

Dos hileras, rectas, de erguidos chopos,
perfilan la carretera, como si, más bien,
fueran márgenes de un callado río.
Sigo mi camino.
Ya de noche, con luna propicia, se perfilan  
las murallas del derruido
castillo de La Riba de Santiuste,
en figuras fantasmagóricas.
El eco del francés en sus muros.
De hinojos, como reverencia, el río Salado
que atravieso en mi caminar a Atienza.
A un lado, fruto del reposo al sol de sus aguas,
las salinas de Imón,
encasilladas en cuadrículas
blancas, como si parcelas urbanas en venta,
sin vida, fueran.
Y, al cabo, Atienza,
arriba, acariciando el cielo, llena de historia,
con sus iglesias y castillo en ruinas,
su torre, con orgullo, erguida.
Atalaya, ahora, en perdida lucha
contra la lluvia y los vientos.

Durante la lectura en el Centro Cultural "Pablo Iglesias" de Alcobendas

Aparte de leer poesía, tasmbién cantan canciones de su creación. En esta ocasión, una dedicada a Miguel Hernández.

Castillo de Sigüenza

Castillo de Sigüenza
Realizada por Antonio López Negredo