Mujer, tú eres poesía

Mujer, tú eres poesía

viernes, 17 de agosto de 2018

Adrián (Visualización de su ecografía)


A través de una técnica misteriosa, te hemos
podido contemplar con perfecta precisión.

Sabemos ya mucho de ti y nos ha subyugado,
emocionado, el ver tu corazón diminuto,
cómo late, desbocado, y proyecta tu sangre
con fuerza desbordante.

Los movimientos de tu pequeña cabecita,
de un lado a otro, como si buscara a tu madre,
cuyo claustro y amor te engendra.

Abres tu boquita en O
expulsando burbujas, como volutas de humo
de empedernido fumador.

En tus facciones se dibujan los ojos, labios,
las naricitas de tu hermano mayor, Martín.
Serás un bebé tan guapo como él,
que sueña contigo todas las noches.

Y llegará el momento, mágico, que tu madre,
con amor y alivio, sentirá tu húmeda piel 
sobre su piel, recorrerán sus manos 
tu deseado cuerpecito,
observará tu cara, tus manitas,
todas tus facciones, se reconocerá en ellas.

¡Más de nueve meses apeteciendo tenerte
entre sus amorosos brazos!

Mirará al cielo dando gracias.
Y el cielo la sonreirá con bendición y amor 
A tu padre, de momento, se le borrarán,
miles de canas, y se humedecerán sus ojos,
de felicidad, con copiosas  lágrimas.

Tu abuelo Martín
te tomará con sus manos,
te acogerá y alojará en su gran corazón.
Besará esas tus pequeñas facciones,
tan familiares,
tan suyas, tan repetidas y queridas ya.
Y el cielo le sonreirá…

Y… tu hermano, ¿qué hará?
La cantidad de besos que estallará en tu piel!
Cuando te vea, sus ojos
se van a hacer aún más grandes,
apenas cabrán  
en su bonito y morenazo rostro.

La de botes que va a dar. ¡Adrián! ¡Adrián!¡Adrián!
levantando sus brazos,
dando sus característicos botes, señal
de triunfo y, también, de gozo.

Tu abuela Carmen, desde ese día, piensa siempre
en ti, y últimamente, cada cinco minutos,
-“Cuándo vendrá? Cuándo llegará ese chiquillo”
-“A ver si viene bien” “Sí, bien vendrá”

Yo, como alguna otra vez,
he echado en falta
que mi ordenador no use impermeable.

Eres bien venido Adrián. Que seas muy feliz!
Nosotros lo somos ya.

viernes, 10 de agosto de 2018

Martín


   

Esta mañana de Marzo ha salido el sol más
generoso y despistado en su luz y calor,
a las siete y treinta, en punto.
Hoy la vida  nos saluda con fuerza
y… desnuda, como así la vida es.

Ha venido Martín, mi nuevo y querido nieto.
Ojos grandes y abiertos, expectantes,
a la luz de este mundo,
a lo que dejaba entrever la piel de su madre,
desde su ya pleno y bendito vientre.

Mi nieto, Martín, es moreno, como sus padres,
perfecto cuerpo,
manos grandes, tendidas, solícitas de amores,
piel sonrosada, dispuesta a crecer.

Es la esperanza, en un mundo
lleno de interrogantes…
Es manantial de sonrisas,
en tiempos no muy pródigos en ellas.

Es el ansia de un mundo mejor, nuevo.
El triunfo de la vida,  deseada.
El reencuentro del amor
con la fragilidad,
con la más absoluta dependencia
de la gente de buena voluntad, de sus padres.

Así, les felicito,  a ellos y, sí, a mí mismo.
Al recién nacido deseo, de corazón,
feliz y larga vida.

Bienvenido eres, Martín!


viernes, 3 de agosto de 2018

La computadora


Tildaba de aburrida y árida  
a la dueña y señora del mundo: la Informática.
¡Cuán equivocado estaba!
Hace poco tiempo,
apenas unos años,
abandoné los miedos y mis propios engaños.
Empecé a hacer pinitos,
algún que otro trabajo,
un solitario, a veces, y,  cómo no, poemas
en la pantalla dejé reflejados.
Como os he dicho,
de eso hace unos pocos años, y ahora
sí, aquí estoy, usando yo mi teclado.
Si el gran Cervantes o Lope de Vega
lo hubieran utilizado,
estanterías bastantes no habría en el mundo
para almacenar tantas letras...
Ah! pero... ¿qué es lo que digo?
¡qué desatino! en un  simple CD
muchos poemas archivo.


viernes, 27 de julio de 2018

El toro de la Vega


Ay! Toro, torito,  toro de gran poderío
¿por qué te hiere esa chusma,
por qué te acosa el gentío ?
Matarifes a caballo, con sus lanzas, largas,
-pues las alarga el miedo-
acuchillan tu poderoso cuerpo.
Están  sedientos, ávidos de sangre,
España, sangre y mies es tu bandera.
¿Qué mal has cometido, qué mal ha hecho tu especie
que hace que, en estos lances, yo a la mía desprecie?
No puedo mirarte,  no puedo ver esos ojos
llenos de horror, dolor y espanto,
mientras, tu cuerpo yace, descosido, sangrando.

viernes, 20 de julio de 2018

Medina de Rioseco



       Ciudad de grandes y bellas iglesias,
    monumentales pasos de Semana Santa,
   sabrosas viandas, exquisito cordero,
      con buenos caldos y soportales viejos,
                                                                                                  permíteme, en el tiempo,
                    hacer un hueco.




Sobre las piedras, redondas
y húmedas, de tus calles,
cerca de Santa María,
la muerte vi, por vez primera;
aquel cadáver,
que vida sólo unos minutos antes tuviera.

Cuántas veces soñé con aquella cenicienta
cara,  por la que resbalaba
un hilillo de sangre, desde  la boca abierta.

Por segunda vez, en tan poco tiempo,
la muerte anduvo cerca; de noche, cual fantasma,
se llevó a un postulante
que murió de asma.

Mis escasos años
tropezaron con el silencio,
con las rigurosas reglas,
como el trato de usted
a mis compañeros.

El leve pitido del tren 
avisaba del fin de nuestras horas de estudio,
de recreos o de rezos.

Sus vías estrechas eran, a veces,
nuestros senderos de cortos paseos,
no lejos del convento.

La cruel ausencia
de mis seres queridos.

Lo peor, llamar padre
a quien el mío no era, al que yo tanto quería
y que estaba tan lejos.

El dormitorio en obras,
en crudo invierno...
Sábanas que mojaba con mis sueños,
de tristezas y de miedos.

Por caminos nevados, carreras, perseguidos
por aquel novicio,
que nos daba golpes con su correa, 
Correazos en las piernas, desnudas y tiernas,
de niños de diez primaveras.
Nevadas que ocultaban los caminos,
las carreteras.
Heladas que mostraban grandes chuzos,
cayendo de las tejas.

Tierra de Campos...campos bellos.
En primavera altos trigos, 
estallido de flores,
olores y sentidos.

Grandiosas dehesas, con reses bravas pastando,
con redondos y poblados palomares de aves
viajeras, que sobrevuelan sus campos.

Las comidas, en el refectorio,
con interrogantes en sus vajillas,
con la diaria lectura, entre ruido de cubiertos.

Lo mejor: cantar en el coro,
en la iglesia,
debajo de la torre “Lapicero,“
bien abiertos nuestros ojos,
de par en par,
ver a los niños con sus padres,
¡qué envidia, qué gozo y, más, qué tristeza!

¿Y pasear tranquilos,
sin la amenaza de aquella correa?

Un día, una niña, con la sonrisa en sus labios,
jugando en la acera,
me ofreció su rubia muñeca.

Niñez sin juguetes;
tardes invernales, tediosas, interminables,
de pipas y cacahuetes
para confortar estómagos tristes, vacíos.

Edad temprana para el insomnio; noches largas,
eternas,
carentes de cariños, abrazos y de besos.


Pero todo aquello quedó muy lejos...


viernes, 13 de julio de 2018

Carretera de Siguenza a Soria

Carretera de Sigüenza a Soria
Salgo de la ciudad,
atravieso las aceradas vías del tren,
camino de vidas inquietas.
A la izquierda, desde lo alto
de la ladera del monte,
Sigüenza, siempre bella y callada,
la Catedral, sus almenadas torres,
y maltrechas murallas del Castillo.
Las calles reptan empinadas cuestas.
Siguiendo para adelante, en la misma mano,
Séñigo, el torreón vigía,  ciego,
Diseminados por entre la hierba sus despojos,
rendidos al paso del tiempo, de la desidia.
Desde esa media cota se abre el cielo
a un frondoso y gran valle.
Serpentean los arroyos
sus rumores de antaño,
entre un calmo océano de trigales.
El monte acerca el horizonte,
entrecortado por verdes carrrascas
y arrugados encinares, donde se oyen cantos
nupciales de aves.

Dos hileras, rectas, de erguidos chopos,
perfilan la carretera, como si, más bien,
fueran márgenes de un callado río.
Sigo mi camino.
Ya de noche, con luna propicia, se perfilan  
las murallas del derruido
castillo de La Riba de Santiuste,
en figuras fantasmagóricas.
El eco del francés en sus muros.
De hinojos, como reverencia, el río Salado
que atravieso en mi caminar a Atienza.
A un lado, fruto del reposo al sol de sus aguas,
las salinas de Imón,
encasilladas en cuadrículas
blancas, como si parcelas urbanas en venta,
sin vida, fueran.
Y, al cabo, Atienza,
arriba, acariciando el cielo, llena de historia,
con sus iglesias y castillo en ruinas,
su torre, con orgullo, erguida.
Atalaya, ahora, en perdida lucha
contra la lluvia y los vientos.

viernes, 6 de julio de 2018

Caminos de Soria


                         Era la voz del viajero
                                                            que partió a lejanas tierras.

                                                                                                    A. Machado
 


Hoy he seguido los caminos que holló el maestro
Antonio Machado.
Su recuerdo y el aroma a pino me acompañan.
He dejado atrás Vinuesa.
Me he mirado en el espejo sombrío
de la Laguna Negra.     
He intentado, en vano, escrutar su fondo sin fin,
allí donde, según la fábula y el romance
del maestro, yacen los restos de Alvargonzález,
El agua, quieta, cobija su aciago misterio,
aún  estremecida,
como con dolor de madre.
Los pinos, silentes guardianes,
emulan en su hacer a los cipreses, 
forman filas de entierro y, con el viento,
entonan canto fúnebre.
El cielo, gris, no oculta la leyenda.
Todo clama realidad;
allá abajo, en las tinieblas
del agua, yace un muerto y… no descansa.

viernes, 29 de junio de 2018

Tres + 1


¡Oh Febo, cuán amable y generoso
con tu pequeña Gea, solitaria y lejana
amante, medida su distancia en años luz!
Y, sin embargo, tan a tu alcance, nada tardas
en acariciar su semblante azul o su esférico
talle, envueltos en sutil manto de tu penumbra
y los cómplices guiños  de millones de estrellas.

Conjugas, con sus efluvios, limos de la ninfa,
armónico trío, juego lascivo de amor.
Sus frutos, innumerables savias y preñeces.

Y, en orgiástica compostura, la Luna, fría
y vacía siempre, se apodera, cual espejo,
de la imagen, rechaza toda luz
y envidia vuestra dicha, tan cálida y fructífera.

viernes, 22 de junio de 2018

La Luna es una voyeur.



Luna creciente, llena, menguante o luna mora,
con tu nocturnidad y alevosía,
entre más o menos oscuridad
¡cómo espías a los amantes!

Cuando ellos te descubren tu, a veces, te sonrojas.
Otras, no te importa, sigues mirando
igual de fresca, y en el mar,
en sus olas, te columpias, juegas y deslizas.

Eres tu, Luna, la mayor voyeur de este mundo,
te disfrazas, cambias de cara, te medio ocultas,
entre tules de nubes o flores de azahar,
entre naranjos y almendros.

Te endulzas de la miel de caricias y de besos,
mientras los amantes
se desnudan, se arrullan, se acarician, se aman…
en todas las lenguas.

viernes, 15 de junio de 2018

Dos amantes


Río, peregrino donjuanesco infatigable,
tu obstinado talle, perlado
y sudoroso, repta sobre frondosa tierra
y te acoge, impudorosa, cual sedienta amante.
Te ofrece, generosa,
los recovecos de sus márgenes,
los irrigas con tu limo, como sementera.
Tras envites, más o menos fieros, incansables,
hasta llegar tu interminable orgasmo final,
volcado en tu otra gran amante,
la mar, siempre abierta, juguetona e insaciable.

viernes, 8 de junio de 2018

¡Oh, agua!


 ¡Oh, agua,
lluvia, rocío, hielo, granizo, nieve,
variopinto ropero vistes!

Jinete a caballo de las olas encrespadas.

Fría y enigmática dama, de vaporoso
y sutil velo, el de las grises nieblas.

Espeleóloga tenaz
y  penetrante en los abismos
de la tierra, la amante de la ninfa.

Te cuelgas de las elevadas cimas,
con tu capa de armiño,
juegas con las nubes, las acaricias,
las horadas.

Saltas, te precipitas, cantarina,
por laderas y hondonadas.
Socavas hoces, diseñas las cuevas,
con estalactitas y fantasiosas
arquitecturas, en calizas tierras.

Grotesca profanadora de tumbas,
lames, necrófaga impúdica, cuerpos
putrefactos,
babeando limos infectos y viscosos…

…y surges, inocente y pura,
al manto de la tierra,
con caricia húmeda.

En los amaneceres perlas flores,
con fulgores diamantinos.

Irisas el cielo, los campos; les prestas vida.

Sacias, agua, el ansia de los sedientos,
con tu caída suave y armoniosa
o los siembras de muerte
con olas gigantescas y voraces.

Ocupas de azul el globo y tu obstinada ausencia
viste de sequía los campos,
arrasa la capa verde
y la convierte en  zona estéril, muerta.

Agua, en las nubes, los ríos y mares
tu singladura vuelve a empezar.

viernes, 25 de mayo de 2018

Soledad



Soledad...
sólo adjetivos te acompañan:
triste soledad,
por nadie deseada.

Codiciada soledad,
del que la desea
y nunca la siente lograda.

Funesta soledad,
la del preso,
con su libertad enjaulada.

Religiosa soledad
la del monje,
con su alma enclaustrada.

Patética soledad,
la del huraño,
que sólo a él le hace daño.

Fructífera soledad,
la del poeta,
a veces tan deseada
como la libertad.


viernes, 18 de mayo de 2018

Las puertas del tiempo




Las puertas del tiempo se han cerrado tras de mí.
Algunas con leve chasquido, otras con portazo
feroz. Así han ido pasando los días, los años…

¡Vértigo mirar hacia atrás! Fotos olvidadas
en un cajón, imágenes  irreconocibles,
de un yo, que ya se fue.


jueves, 10 de mayo de 2018

Espejos


 Espejos, ¡ah, los traviesos  espejos!
Siempre os negasteis a admitir mi edad en el tiempo,
en el que mis ojos se cruzaban con los vuestros.

Siempre me hicisteis más viejo. Ahora ya  no tengo
edad para veros, no me interesan
vuestros, más o menos, equivocados reflejos.

viernes, 4 de mayo de 2018

Un día más.


 Se aleja el día por el horizonte,
con tules de penumbra y agonizante estrella.

Pronto, las luces lloran su temblor inquietante,
no  sólo por el día que se va,
aunque vendrá otro día,
llevándose, sin retornar, lo que nuestros sueños
recibían ¡onírica ilusión!
defraudada al despertar en medio de la noche.

Mientras, la desolación da paso a la tristeza 
y a los miedos que se avivan con la parda luz
de las tinieblas y el loco alarido del viento.

viernes, 27 de abril de 2018

Cronos




La humedad todo lo envuelve, las olas
se acercan salvajes, azotan las negras rocas,
traen troncos, botellas... sin mensajes.

El viento roza mi cara, con sabor a sales,
trae aromas, idiomas de otras tierras,
ilusiones de más almas.

El océano, sus bravas y espumosas aguas,
cubren la distancia, montañas, simas,
piélagos, con los mismos cielos y mismos vientos
en dirección contraria.

Hechos en el mismo instante con la diferencia
horaria; el Sol es madrugador o trasnochado,
dependiendo del meridiano que lo acompaña.

Así en toda la Tierra;
mientras unos duermen y sueñan, otros trabajan.


viernes, 20 de abril de 2018

Solo curiosidad.



Desde hace años me ha gustado saludar a ciertas 
personas populares,
actores, presentadores de televisión
escritores, y… cómo no, hasta algún
que otro político
que me  encuentro en la calle,
en cafeterías, restaurantes…

Ellos corresponden, y corresponden
a su modo, fuera de las tablas, de las cámaras;
solos los dos, parados, frente a frente.
El motivo que persigo, tras pocos segundos
y tras pocas palabras, lo consigo: 
Unos son amables, gentiles, 
parlanchines y simpáticos …
Coinciden sus "yo" con la imagen 
en las ondas o en el couché 
reflejada.

Otros, sin embargo, dan la mano con desgana, 
la mirada altiva , se creen dioses.

¿Cómo serían Cervantes, Lope…?
Otra vez, mi yo curioso.

Recuerdo a Dalí, inefable e histriónico,
a la vez, como nadie,
ya anciano, abrazando a su mascota, su chiguagua,
apoyado en un bastón, mientras 
hablaba con una dama de edad muy cercana,
su Rolls  Royce, con chófer, aparcados,
olvidados acaso,
en segunda fila en la calle 
Bretón de los Herreros, de Madrid

Lo natural en su charlar, afabilidad
y compostura me llamó mucho la atención, 
más que cualquiera de sus desmesurados gestos 
y tonos, o juegos de voz, otrora.
¿Podría ser por el bigote, ya inadvertido , 
tal vez su talón de Aquiles?

Quizá, desde entonces, ése mi pequeño vicio,
el de la curiosidad por ciertos personajes.



viernes, 13 de abril de 2018

Ese edificio...



                                                 Dedicado a los cirujanos, médicos,
                                             enfermeras y auxiliares, del Hospital
                                            de la Princesa, en Madrid,                                                   
                                      que han tratado recientemente a mi mujer


Enfrente de mi casa,
justo enfrente de donde vivo,
hay un gran edificio, en sus fachadas
muchas ventanas,
decenas de ventanas, por fachada.

Es un hospital, un gran hospital,
la ciudad de los enfermos.
Escandalosas sirenas de las ambulancias
invaden el silencio de las noches,
se yerguen sobre el leve murmullo de los días.

Ir y venir de gentes presurosas.
Su andar trasciende los sentimientos, los preludios
de la muerte.
A veces, los pañuelos se dirigen
a unos ojos húmedos, de incontinencia trágica,
de triste y perdida mirada.
Salas de espera llenas,
consultas, urgencias, batas blancas, monos verdes,
máscaras, pañuelos a lo pirata.
Sillas con ruedas, botellas colgando,
bolsas, líquidos que fluyen.
Camillas, con mismas botellas, bolsas.
Ascensores que suben y bajan, nunca llegan...
tal es la impaciencia. Trasiego ininterrumpido.
Diagnósticos por rayos X, láser nucleares.
“Coja su turno” y filas largas de tres dígitos,
extracciones de sangre, mililitros, centílitros,
que suman, suman, suman litros y enfermedades.
Rostros macilentos, dolor, dolores
en todos los géneros y todas las edades.
Ojeras cavernosas, marrones, casi negras.
Pañuelos femeninos ocultando
crueles calvas que no debieran haber crecido.

La fe, la esperanza como últimos asideros.
Las ventanas, día y noche, guardan el silencio.
Enfermeras, auxiliares, pastillas, sonrisas
que arrancan otras que se creían imposibles.

Quirófanos, mesas  de acero,
frías como las luces que iluminan sus cuerpos.
Ojos escrutadores,
manos expertas, precisas,
el bisturí no tiembla.
Química, oxígeno, ciencia,
monitores enchufados a cuerpos desnudos,
rasurados, abiertos, órganos esparcidos,
al aire. A la muerte se la frena o se derrota
o, inexorablemente, triunfa.

Morfina el dolor  disminuye,

Puertas autómatas que cierran encarnizada
lucha entre la vida y la muerte, muerte, MUERTE,
siempre presente y amenazadora.
Vidas que zozobran, ciencia, éxitos,
fracasos. Esperas interminables pendientes
de puertas que siempre se cierran y, pareciera,
nunca se abren. Emociones, nervios desbocados.

Cuando las luces se apagan presagio batallas
perdidas…

Ya la luna recorta su enorme corpulencia,
su escasa luz acrecienta el misterio,
el dolor que guardan sus paredes.
Cuando el sol alcanza sus muros hace creer
renacer la vida, despierta
la esperanza.


viernes, 6 de abril de 2018

Rescatado de ti


No era verdad, me has mentido;
a ti te has engañado.
Me he desasido de tus largas,
huesudas manos.
Mi corazón late con la alegría,
la esperanza de antaño.

Dos meses, muchos días,
creyendo estar bajo tu odioso yugo;
vuelvo a sonreír, suspiro por cosas triviales,
pienso, creo, en un futuro lejano.

Veo, otra vez, la vida
bella, con atractivos y sin pena, con nuevos
bríos. No estoy cansado;  con felicidad miro
a los míos, sin adiós en mis labios.

Ahora las noches son menos negras,
menos de túnel, menos de caverna;
la noche es más azul y tiene luna y estrellas,
y me duermen, me arrullan, me consuelan.

No, no te digo adiós porque no puedo,
ahí estás tú, siempre afanando dichas,
siempre borrando sonrisas,
siempre llenando sepulturas.

Te diré hasta la vista,
si es que, sin que náuseas me provoques,
verte puedo.
Y, cuando se presente la hora, antes de mirarte,
antes, los ojos cierro, después, muero.


viernes, 30 de marzo de 2018

El desahuciado



Esta noche me encuentro frente a ti,
quizá, no por vez primera, pero si consciente
de que me has mirado y me has acercado la fecha.

Nos creemos pasar inadvertidos,
creemos que a ti se te engaña; ilusión inútil,
vana;  es una treta tuya más, tu cruel patraña.

Dejar a los seres queridos, mi mujer, hijos,
nietos, con tristeza; si no fuera por lo trágico,
¿se podría llamar, quizá, pereza?

Pero, por qué disimular, pánico me da 
cómo voy a reaccionar en ese momento,
antes de que deje de respirar.

Hace poco tiempo, hace unos meses, nada más,
yo me miraba al espejo; me veía joven,
hoy, ya, me veo viejo,
muy viejo,  por fuera, viejo por dentro.
Has olido desde lejos, desde cerca, siempre
al lado, sigues el rastro, carroñera fiera.

No es la manera que yo deseé,
la que, en avanzadilla,
me has prometido, si quieres,
que poder… puedes, cámbiala
por otra menos dolorosa, menos
cruenta; te estaré muy agradecido.

Hoy las luces me parecen tristes...
¿Sentirán que me vaya?

viernes, 23 de marzo de 2018

Monólogo de la Parca



“He estado siempre contigo, a tu lado, y tú  siempre
sin enterarte,
sin darte por enterado, sin hacerme caso,
tal vez, coqueteando conmigo. ¡Y mira que,
muchas veces, parecía que a seguirme estabas
empeñado...! Cualquier hora para ello era buena,
nada hacías por evitarlo
Quizá preferías la oscuridad de la noche...
¡Claro, seguro!
Muchos kilómetros a velocímetro plano,
con muchas copas de más. Aquella situación
con aquel loco airado, él con cuchillo en la mano...
y… ¡ punzando tu cuello!
Sí,  muchas veces me has tentado, tu has incitado
a la suerte, y…mira,  has salido bien parado”


viernes, 16 de marzo de 2018

Bracera infatigable



Con tu figura negra y famélica sombra, eres,
bracera infatigable, sementera
de dolor y muerte. Afanosa aniquiladora 
de vida, corazones y alegría.


 Tu mies es mucha. Tallos tiernos, 
nacidos a la luz, apenas,
también recios y erguidos.

Nadie esquiva tu afilada arma.

Fisgona de tinieblas, de ellas reina,
todos sucumben a la mirada de tus cuencos
huecos, de luz, vacíos.
.
En la abundancia y en la hambruna
culminas, siempre, tu misión grotesca,
grosera y pertinaz.

Nunca sacias el apetito de tus huesudas,
siniestras, fauces, siempre insatisfechas de sangre.

Así eres, de sanguinaria y atroz.

Horrores causa tu presencia eterna.


viernes, 9 de marzo de 2018

Entonces…



Entonces…yo era un niño más,
asomado a mi ciudad, a sus ruinas.
Mis ojos, inocentes, como los de los niños,
solo llegaban a ver casas rotas, hundidas,
como si hubieran estado así toda la vida.

Algunas, que mantenían sus muros en pie,
los  cristales  de  sus ventanas hechos pedazos.
Dentro, espacios huecos, a la intemperie, invadidos
por la maleza, que tanta tragedia no logra ocultar.

Los tiestos con plantas secas, marchitas,
a juego con todo lo de su entorno
Las calzadas de las calles de tierra rojiza...

Los mayores, la mirada baja. Algunos, muchos,
la familia y el alma destrozadas.

Los inviernos eran de crudo frío,
dentro y fuera de las casas...
Más frío con estómagos vacíos,
silenciando, con dolor, sus quejidos.

La guerra había pasado y se notaba su huella
de canalla, sangrienta, cruel, destructiva fiera.


viernes, 2 de marzo de 2018

París,

viernes 13 de Noviembre, 2015


Hoy, la sinrazón del fanatismo y el terror
ha apagado tus luces y tu Torre de acero,
faro de esperanza. Silenciando tu alegría,

Han profanado tu Arco del Triunfo y acogida,
hoy más pétreo de estupor
ante el ultraje de la sangre impura.

Han desolado tu cosmopolita Avenida
a la Concordia, entre cadáveres de tus hijos.

Mas los vivos no sucumben ante tan cruel yugo,
en sus gargantas ruge la Marsellesa, "listos
para luchar contra vosotros"

Tus jóvenes, masacrados con alevosía,
claman justicia ante el vil despotismo.

viernes, 16 de febrero de 2018

Hombre contra hombre


Edad de piedra, edad de los metales,
bomba atómica; era de los neutrones...
En las cavernas con hacha de sílice,
en el búnker un pulsador...
así de fácil: los muertos por miles.

Tierra, este ser que te habita
que te estudia y te maltrata
que pone leyes, dice, para mimar tu vida,
es el maligno hecho persona;
no temas mal desde otros mundos.

Los mares los expolia,
los desvalija de pequeñines y ballenas
con redes y artimañas.
Y con sus matanzas el agua de sangre tiñe.

Los bosques asesina,
primero con fuego, luego con fiera guadaña...
y su hábitat, indefenso, languidece y muere.

Tu cielo es menos azul,
menos entero, más toxinas, más agujeros;
menos frío, menos hielo.

Volcanes escupiendo sus azufres,
terremotos, tsunamis, inundaciones, la ira
del huracán. Tus entrañas arrojan su bilis,
contenida, de tanto dolor y tanto daño.

Pasamos por todas las historias, las antiguas,
las contemporáneas, da lo mismo;
es el tiempo que pasa,
Lo que en ellas se cuenta son las guerras, la muerte.

Y siembra el terror de pueblos enteros,
niños, ancianos, mujeres, huyen de exterminios,
buscan paz, cobijo y pan.

Tiempos de liposucciones, masajes,
dietas, delicatessen;
se tira comida al mar, se destruye.
No solo matan las armas, el hambre
ocasiona más muertes. Opulencia,
pobreza, miseria, injusticia.

No será la invasión desde otros mundos
la que pueda acabar, Tierra, contigo.
Cuídate del hombre, con su codicia,
con su miserable y gran ambición
será tu mayor, perverso, enemigo,
tu estúpido y definitivo exterminador .

Asusta mirar el mapa.
Pobre mundo...
¡Qué mundo éste, más pobre!


viernes, 9 de febrero de 2018

Abyectos, abominables (II)


De cuán miserable es este despiadado mundo,
de la maldad que en él habita,
nos hacen conocer los telediarios.

No hay día que no hablen de, no una,
sino muchas atrocidades.
Guerras, masacres,  huérfanos desvalidos, éxodos
ingentes, hambres, violaciones que se producen
en el olor, las explosiones de las contiendas.

Pero en el silencio de la paz, de esta "paz nuestra" 
quiero gritar al mundo, acusar quiero,
lanzar un indomable grito de rebeldía
contra esos canallas, abyectos y abominables
que atacan a seres indefensos, inocentes,
¡hasta con bebés se atreven!  tal es su vileza,
tal es su alevosía.  E, insaciables
de sus infamias, las graban para su placer
y  el de otras mentes de repugnantes criminales,
también irrecuperables.

Y... como son "conscientes que hacen mal,
pero no lo pueden evitar" hay que extirpar
esa mala hierba, ese siniestro daño.
No basta con encerrarlos, aunque de por vida
sea, pues se pueden escapar a esa condena.
Bien claro tengo que sus vidas, haciendo daño,
tan gran daño, no son para vivirlas,
no merecen ser vividas.
Porque el dolor, una lágrima de un niño, vale
más que miles de esas vidas.


viernes, 2 de febrero de 2018

Hambruna


¡Hijo, niño,  niño mío!
¿Por qué, por qué te eché
a este mundo?
¿Por qué mis carnes se abrieron?
¿Por qué consentí en aquel goce?
¿Fue, quizá, el amor pecado?

¿Por qué te castiga Dios?
¿Por qué mis pechos secos,
ni poderte dar bocado?

¿Por qué estas tierras yermas,
por qué, por qué sólo regadas
por el sudor de tu padre,
mi sudor, y mis lágrimas?

Hijo mío, me maldigo.
¡Maldito sea mi vientre!
¡Maldito sea mi cuerpo!
¡Maldita sea mi vida!

¡Maldita, maldita, maldita!
¡Mil veces sea maldita!

Ven, ven a mis brazos,
corazón mío,
que si tu mueres,
morir quiero contigo.


Durante la lectura en el Centro Cultural "Pablo Iglesias" de Alcobendas

Aparte de leer poesía, tasmbién cantan canciones de su creación. En esta ocasión, una dedicada a Miguel Hernández.

Castillo de Sigüenza

Castillo de Sigüenza
Realizada por Antonio López Negredo